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Cultura

HOMENAJE A ÁNGEL GONZÁLEZ
Luces de poeta en noche vespertina
Pedro Guerra, Miguel Ríos, Luis Pastor, Paco Ortega y Toli Morilla pusieron música al homenaje a Ángel González en el que participaron 10 autores con sus versos

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Hubo luz en la noche de Ángel González. Luz de día porque se celebró su nombre a media tarde. Pero sobre todo, luz de versos, verdades, vericuetos de la vida y cariños varios, algunos, incluso, musicados. Comenzaba la noche a embrujar por adelantado a las seis, con ensayos de canciones y cantantes. Toli Morilla, Paco Ortega Miguel Ríos y Pedro Guerra, Pedro Guerra y Luis Pastor, y hasta Pedro Guerra y Miguel Munarriz. Media hora para hacerse con los micros y el lugar -la última nave de Laboral Centro de Arte-, antes de abrir puertas para festejar al poeta de la precisión, la ironía y el compromiso, aplaudiendo sus palabras y las palabras que nacieron en su honor, a su lado o en respuesta a sus preguntas, pues no fueron de Ángel González los versos que luego sonaron, sino de los escritores reunidos en su causa.
Miguel Alarcos, que dio lectura a su 'Alquimista', para responder al «mito genético» del que surge la poesía, describiendo sílaba a sílaba, según dijo, al propio Ángel González. Francisco Álvarez Velasco, que puso voz a sus 'Notas para un retablo de visitantes', «tratando de hallar la palabra que buscaba el autor en 'Áspero mundo'». José Luis Argüelles, que reunió en 'Decálogo de Ángel González' los diez mandamientos del poeta. Hablar tan solo en nombre propio, respetar a los clásicos, sonreír al final del endecasílabo, buscar la palabra precisa, antes que la preciosa... Llegaba luego Javier Almuzara, que emocionó al hablar de los ángeles que se derrumban en carne dejando sus versos sin ley de gravedad flotando en el aire para siempre, y dio lectura a una elegía propia sobre la «memoria del olvido», esa que no aspira siquiera a «conservar el nombre de quien busca». Juan José Valera le seguía, rescatando una cita de González para dejar constancia clara de admiración plena («Meriendo algunas tardes / no todas tienen pulpa comestible») antes de atravesar con su voz el poema 'Prioridades'. Xuan Bello fue el sexto en tomar el escenario, el primero en hacerlo en asturiano. También él quiso dejar dibujo de la verdad poética, que, como dijo, «es conciliación de contrarios». Sumó para la muestra en 'Colores cenciellos' la «inmensa felicidad» ante su hija recién nacida y la «inmensa tristeza ante la muerte de Ángel González».
Abuelo de sabiduría
Su poema todavía en papel inédito, abría puerta a Sofía Castañón, la más joven del encuentro. Tanto que habló del poeta fallecido no como amigo o hermano, ni siquiera como padre de sus versos, sino como abuelo de sabiduría y picardía infinitas.
Pelayo Fueyo, con su poema de guerra; Antón García, con el homenaje a Xepe, también tributo a González («pues podía haber sido su hermano mayor»), y Javier García Cellino, que dejó para el final un poema, también pintura, ('Las espigadoras', «esas mujeres que alargan las manos hacia la tierra buscando su esencia, igual que hacía el poeta»), cerraban la primera parte.
A todos presentó Tete Bonilla, que se confesó también enamorado de la palabra heredada de Ángel González al que encontró una tarde de 1983 y nunca abandonó.
Bonilla recordó algún retazo del poeta para engranar el trasiego de identidades. La primera, la de Toli Morilla. Con él se abría la noche vespertina y para llamarle a escena recuperaba una de las muchas miradas que González se hizo en el espejo de los versos: «Música que rechazan las paredes. / Soy sólo eso».
Mientras unos y otros hablaban, recordaban anécdotas, recitaban o cantaban, el propio Ángel González se dejaba observar a ambos lados del escenario, en dos pantallas gigantes, en las que transcurrió su pasado, en blanco y negro, y su último presente con sonrisa irrepetible, mirada extraordinaria y ese diente torcido que le enderezaba la máxima ternura. Estuvo presente todo el tiempo, primero guiando con su rostro, estratégicamente situado en los cruces del gigante blanco, para mostrar el camino al más de medio millar de asistentes, y casi al final, con su voz y su autorretrato: 'Para que yo me llame Ángel González'.

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