Inmersos como estamos en la vorágine social de prisas y de aceleración, empujados por la impaciencia y por la urgencia, apenas si encontramos de vez en cuando unos minutos para ponernos a pensar en qué vida llevamos y, sobre todo, cuál es o son las prioridades por las que nos regimos de verdad. Digo, de verdad, porque si le preguntas a la gente cuál es su prioridad a buen seguro te responden que es su salud y su familia, dejando el trabajo y el dinero en el tercer lugar.
Sin embargo los hechos, que no nuestras palabras, son los que en realidad hablan por nosotros y delatan nuestras finalidades e intenciones. Porque decir, decimos lo que es políticamente correcto o se espera que digamos y hasta nos lo creemos. Decimos que lo principal es nuestra salud y nuestra familia pero nuestra incoherencia nos delata, porque ¿cómo podemos decir y quedarnos tan panchos que nuestra salud es lo primero si comemos sin control lo que nos hace daño, castigamos el hígado bebiendo o fumamos dañando los pulmones, por ejemplo? ¿Cómo podemos decir que es la familia cuando lo que en realidad hacemos es dedicarnos al trabajo y en los ratos de ocio ver la televisión o dedicarnos a lo nuestro? Aparte de cuatro personas inteligentes y coherentes la mayor parte de nosotros anteponemos, de hecho, muchas veces otras motivaciones diferentes a las de la salud y la familia. La autoridad del argumento reside en la fuerza de los hechos, en lo que hacemos. A eso hay que apelar, pues obras son amores y no buenas razones.
Lo cierto es que enfrentar las prioridades nos produce desde incomodidad hasta cierto temor de enfrentarnos a nosotros mismos y descubrir, si somos sinceros, que tendríamos que reestructurar en parte las prioridades por las que deberíamos guiarnos. Otros, y esto es más lamentable, viven no por las prioridades que se marcan sino por las que las circunstancias o los demás les marcan desde fuera, como la moda, la publicidad, la presión social o lo que fuera. Lo interesante es vivir teniendo las ideas bien claras, ser sinceros y repensar nuestra forma de vida o qué nos mueve a actuar de cuando en cuando. Quizás es que cuesta trabajo.