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Sociedad

18.07.08 -

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Aunque no tan genuinos en el fondo: sin los españoles jamás hubiesen sido los mismos ni la civilización del Far West ni sus míticos centauros del desierto y de las praderas.
En su mayoría, los historiadores anglosajones han pasado por alto el tema de la enorme incidencia de España en la historia de los EE UU. Primero, los británicos, dedicados a encubrir los logros españoles (no sólo) en América del Norte. Luego, los estadounidenses, que heredaron los prejuicios de la propaganda de guerra de Inglaterra, con el cansino tópico de la España tiránica, cruel y oscurantista. Aún en la actualidad los españoles suelen ser los 'malos' en los filmes hollywoodienses de aventuras históricas.
Poco o nada sabe el yanqui de hoy acerca de la -imprescindible, según el propio George Washington- ayuda prestada por España a las Trece Colonias rebeldes en su guerra de independencia contra el Imperio británico (en películas como 'Revolución' o 'El patriota' los franceses aparecen de refilón al menos).
Bajo el reinado de Carlos III nuestro país desempeñó un papel fundamental en la victoria norteamericana. Aportó ingentes fondos económicos y suministros, artilló los buques de guerra norteamericanos en sus astilleros de ultramar, y asesoró militarmente a los padres de los EE UU, además de apoyarlos directamente con brillantes acciones bélicas por tierra y mar. Tales como la campaña de Pensacola, llevada a cabo por Bernardo de Gálvez, cuyo 'Galveztown' fue el único barco extranjero anclado en Nueva York el día del desfile de la victoria.
Idéntico papel clave desarrollarían los españoles en la configuración de la cultura del Far West desde la llegada a la Florida en 1513 de Ponce de León, primer explorador europeo de los EE UU. Allí no hubo ganado doméstico antes de los caballos, vacas y ovejas de los colonizadores ibéricos. Ellos implantaron en el Oeste el modelo ganadero andaluz con su cultura del caballo, según cuenta Borja Cardelús en su libro 'La huella de España y de la cultura hispana en los Estados Unidos'.
Como el gaucho argentino, el huaso chileno o el charro mexicano, el 'cow-boy' desciende de ancestros andaluces. De éstos le vienen el sombrero de ala ancha, la chaqueta corta, los zahones musleros, las espuelas, la silla de montar para largas cabalgadas, los arreos de cuero. Eso y el manejo del ganado, con las operaciones de rodeo, marcaje al hierro candente, trashumancia o conducción en largas jornadas hacia pastos y puntos de venta.
Por su parte, los indios eran inocuos cazadores nómadas a pie con anterioridad a la presencia española. Pero gracias al ganado, los cultivos y los caballos hispanos, unos se hicieron pastoreso y agricultores, otros se convirtieron en peligrosos jinetes guerreros. ¡Cuánto dieron de sí los primeros 16 caballos arribados a América del Norte con Hernán Cortés!

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