En la Carpa del Encuentro, sobre las arenas de la Playa de Poniente, en algún momento pasada la una de la madrugada del sábado, de pronto se calló la algarabía, se extinguieron las luces y en la pantalla que el equipo de la Semana Negra montó en la pared de fondo apareció la figura del poeta, videograbado en lo que sería su última aparición -en persona, porque como se ha dicho, Ángel está con nosotros siempre- en el festival, acompañado de Luis García Montero. En la imagen, Ángel leyó el poema originalmente sin título conocido como 'Para que yo me llame Ángel'. Al concluir sobrevino una ovación que anunciaba el inicio de la lectura poética-homenaje organizada por la organización de la Semana Negra para honrar su memoria y su perdurable presencia. Tras las bambalinas, Paco Ignacio Taibo II ya había reunido a los convocados y explicado cómo sería el homenaje: breve, conciso, previsto para el lucimiento del poema, no del recitante. Todos estuvieron de acuerdo y la primera en abrir el homenaje fue Susana Rivera, quien por casi tres décadas fue compañera sentimental y de vida de Ángel.
Visiblemente emocionada, haciendo acopio de serenidad, Susana leyó una conmovedora versión de 'Primera evocación', y fue seguida por Carlos Barral ('Finalmente'), José Luis Argüelles ('Todos ustedes parecen felices'), Irma Buckingham ('Muerte en el olvido'), Carmen Sánchez ('Porvenir') y Esperanza Medina ('Meriendo algunas tardes').
Lágrimas
Paloma Sáiz arrancó lágrimas al público con su interpretación de 'Cumpleaños'. A continuación fue el turno de Manuel Lombardero, quien, saltándose un poco el protocolo establecido a título de los setenta años de amistad que le unieron al poeta y a Paco Ignacio Taibo Lavilla, hoy en México y ausente de esta edición del festival por motivos de salud -pero que sin duda hubiera participado de haber podido-, leyó dos poemas: el primero, de Gabriel Celaya 'Hablo del poeta Ángel González' y el siguiente, 'Hipótesis absurda, por fortuna'. A este siguió Pepa Terrón con 'No creo en la eternidad' y el legendario Jorge Semprún, quien leyó 'Qué le vamos a hacer'. La avilesina Natalia Menéndez leyó 'Esperanza' y el concejal de Cultura Justo Vilabrille hizo lo propio con 'De otro modo'.
Cierre de Pacheco
El cierre vino con el poeta y narrador mexicano José Emilio Pacheco, quien declamó con voz serena, pero reflejando la viva emoción que electrizaba el ambiente en la carpa, un poema que se ha convertido en emblemático para Taibo II, Ángel de la Calle y todo el equipo que conforma la organización de la Semana Negra: 'Otro tiempo vendrá, distinto a éste.'
Un homenaje sobrio, casi modesto, con relumbrones de sentimiento, pero desprovisto de sensiblería, casi un poco como el mismo Ángel, que pese a la ausencia -la dolorosa ausencia del cuerpo, el vacío de la presencia- sigue presente entre quienes lo leyeron, quienes lo conocieron, quienes lo admiraron, quienes se tomaron uno o dos -o más, inclusive- whiskis con él en alguna terraza gijonesa y sobre todo, en el corazón y la memoria de quienes le quisieron.