Seis músicos, seis lugares y seis maneras de convertir el viento en una melodía, de atrapar sus ritmos, ritos hasta sus risas, en las tripas de una gaita, para luego dejarlas escapar. Son Fred Morrison, Jarlath Henderson, Jurak Dufek, Marie Le Cam, Anxo Lorenzo y Xuacu Amieva. Vienen de Escocia, Irlanda, Eslovenia, Francia, Galicia y, por supuesto, Asturias. Todos participan en el Encuentro Internacional de Gaitas que la Fundación Príncipe celebra para abrir el XIII Curso de Verano de la Escuela Internacional de Música.
Los seis se sentaron ayer con sus instrumentos ante un público entregado en el Auditorio Príncipe Felipe. Debían hablar de sus músicas y lo hicieron. Más con el viento que con la voz, pero lo hicieron. Fueron sus interpretaciones, además, el anticipo de un gran concierto que todos protagonizarán hoy, a partir de las ocho de la tarde, en el mismo escenario, mezclando técnicas, sonidos y culturas de sus países de origen, pues cada lugar es notorio en los fuelles y en las formas, en el roncón y hasta en los adornos y el tamaño de la gaita.
Lección magistral
Pero lo de ayer no fue sólo un prólogo extraordinario de esa actuación. También fue lección magistral, una señora clase con trazos diversos, por la que discurrieron estilos, tendencias e historias instrumentales. Cada gaitero salía de la mesa colectiva para hacer parada solitaria ante el público y explicar las características y virtudes de su instrumento. Así hablaron uno a uno de aquellas cuestiones que les diferencian y también de las que les acercan. La gaita escocesa, por ejemplo, tiene tres roncones, se expresa con más volumen que la asturiana y su fuelle mucho más grande.
Lo contaba no el escocés del grupo, el legendario Morrison, sino la bretona Marie Le Cam, que no acudió al encuentro con su gaita nacional (está de gira con su banda) y dedicó su intervención a contar cómo la escocesa había penetrado en Lorient hace casi un siglo. De hecho tocó una pieza bretona con gaita escocesa, para demostrar qué la técnica se ha trasladado, pero no las canciones.
Tras ella, el invitado de lujo, Morrison, que fue varias veces ovacionado, no dedicó su lección a definir su instrumento escocés, sino a hablar de música y de colaboración entre músicos. Hizo una exhibición de «ornamentos», de frases musicales, que definían por si solos el estilo de sus intenciones, que, a veces, son como «ese llanto que te calma la tristeza». Morrison fue el quinto invitado de la conferencia-charla-clase-presentación múltiple.
Gaita de pastores
Antes que él el eslovaco Jurak Dufek hizo un recorrido por los instrumentos de su propio país, de Croacia, incluso de Hungría. Dufek llegó a tocar una fuyara, que es la gaita de los pastores y a describir casi cada trozo de madera y agujero de las gaitas que pasaron por sus manos. Le siguió el irlandés Jarlath Henderson, que hizo su discurso sentado, porque su gaita, como la real escocesa, no requiere el cuerpo erguido. Henderson recorrió también las minuciosas diferencias entre su gaita y otras de otros lugares, pero sobre todo demostró que ese instrumento puede ser tan dulce como festivo y hablar de amor, lo mismo que de justicia.
Anxo Lorenzo puso énfasis en el volumen y en las marcas de distinción de las músicas y gaitas gallegas, más familiares que las demás, pero mucho menos que las de Xuacu Amieva. El famoso gaitero asturiano, que moderaba este encuentro, dando paso a los músicos y recordando su reconocimiento internacional, fue el último en poner viento en la sala.
Hoy todos volverán a ella, pero ya no por separado.