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Gijón

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El 22 de agosto de 1983, hace 25 años, El Molinón quedó destrozado tras un concierto de Miguel Ríos. Los tribunales le obligaron a pagar los daños
25.08.08 -

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Los líos del viejo rockero
EL COMERCIO reflejó, al día siguiente del concierto, el estado en que quedó el campo.
Era el primer gran concierto programado en el césped de El Molinón. El protagonista, Miguel Ríos. El cantante granadino había sabido rentabilizar como nadie la nueva corriente del rock and roll y arrasaba con su 'Rock and Ríos'. La plaza de El Bibio había registrado un lleno total con aquel espectáculo. Fue, sin embargo, en el verano de 1983 cuando el cantante protagonizó en Gijón uno de los episodios más rocambolescos de la reciente historia de los festejos en la ciudad. Era la gira del 'Rock de una noche de verano', la heredera del éxito 'Rock and Ríos'. Daniel Gutiérrez Granda, concejal de Festejos del Ayuntamiento de Gijón, y Miguel Rodríguez Acebedo vieron en el intérprete andaluz el idóneo para dar un nuevo paso hacia adelante en la celebración de conciertos llevando su espectáculo a El Molinón con unas perspectivas de aforo en torno a las 30.000 personas. Al final, fueron algo más de la mitad y, eso sí, el campo quedó sucio y el césped destrozado, para desesperación de los responsables del Sporting y de su presidente que, por entonces, como ahora, también era Manuel Vega-Arango. Las consecuencias fueron el inicio de un largo litigio legal no exento, en el caso del cantante, de insultos y palabras gruesas contra los responsables municipales y contra el propio Sporting. No en vano, le fueron retenidos ocho millones de pesetas. Hasta compuso una canción dedicada, en términos muy poco cariñosos, a Gutiérrez Granda. Ahora, el pasado viernes, se cumplieron 25 años de aquel concierto de los líos.
Un polémico vídeo
Aquel concierto de Miguel Ríos empezó ya con mal pie desde el primer momento. De hecho, estaba previsto para el domingo, día 21 de agosto, y el cantante decidió trasladarlo al día siguiente lunes, una jornada bastante menos apropiada, aunque se tratara de pleno verano. El escenario iba a instalarse, por primera vez, en el césped de El Molinón. El anterior concierto en el campo municipal en homenaje a Berto Turulla, se ubicó sobre la grada Norte del campo. Los cuidados tenían que ser extremos, pero la realidad fue muy diferente. Miguel Ríos cobraba, por contrato, seis millones de pesetas más el 80% de la recaudación total del concierto. Las entradas costaban 700 pesetas, un precio considerado caro para entonces, pero impuesto por el propio cantante que, inicialmente, pretendía cobrar la localidad a 900 pesetas.
Los primeros problemas surgieron, como reconoció Miguel Ríos en los días posteriores al concierto, por el hecho de que las gradas de El Molinón no habían sido limpiadas por el Sporting después de la celebración del trofeo Costa Verde, pocos días antes del espectáculo del rockero granadino. Su respuesta fue grabar en vídeo el estado del campo y emitirlo durante el concierto para que lo vieran los espectadores y calentar los ánimos contra el Sporting y el Ayuntamiento. Luego, declararía públicamente que «les vamos a dejar la mierda donde estaba para que nos tengan respeto de una vez». Luego, los espectadores saltaron al césped, que no tenía protección alguna, y las latas, bebidas, pisadas y demás dejaron el terreno de juego en unas condiciones lamentables. Tanto, que el Sporting temía no poder empezar la Liga.
El concierto, en el que actuaron Luz Casal y Leño como teloneros, y hasta Los Bordini, concluyó, por cierto, con bastante menos éxito de lo esperado, pese al gran montaje y ahí se inició una nueva odisea, la que acabó con la presentación de una querella criminal del cantante contra Daniel Gutiérrez Granda por apropiación indebida de ocho millones de pesetas de la taquilla del concierto. El ex concejal de Festejos todavía recuerda aquellos hechos y lo que motivó que se fuera de El Molinón con toda la recaudación. «Viendo como estaba quedando el campo -recuerda Gutiérrez Granda- opté por ir taquilla a taquilla cogiendo el dinero y llamé a un agente de la Policía Nacional para que me acompañara hasta el Ayuntamiento. Allí quedó depositado el dinero hasta que tuviéramos la garantía de que los daños en El Molinón iban a ser reparados a cargo de Miguel Ríos o de su compañía de seguros, como preveía el contrato. Ahí empezaron las amenazas de todo tipo. Hasta se apeló a Alfonso Guerra, que, decían, era «muy amigo del agente del cantante». El dinero, con todo, se quedó en manos municipales y empezó un largo litigio en los tribunales, que no se cerró hasta más de un año después.
Diferentes deudas
De todas formas, tras el concierto se inició una auténtica guerra de declaraciones. Miguel Ríos manifestó al día siguiente, en La Coruña, que Manuel Vega-Arango era un «truhán» y el Sporting estudió presentar una demanda, cosa que luego no hizo. Lo que sí realizó el equipo rojiblanco fue una tasación de los daños del campo, que valoró en tres millones y medio de pesetas. Miguel Ríos y sus abogados parecían entrar en razón y respondieron de que no había problemas, que la aseguradora del concierto se haría cargo de los daños. Luego, resultó que la citada aseguradora valoraba los daños en 100.000 pesetas y quería quitarse el problema de encima con esa cantidad de dinero. El enfado fue monumental en el Ayuntamiento y en el Sporting, y el tira y afloja se prolongó hasta el mes de enero de 1984 cuando Miguel Ríos presentó una querella criminal contra Daniel Gutiérrez Granda por apropiación indebida. Mientras, el concejal recordaba que el cantante debía 800.000 pesetas de publicidad, 100.000 pesetas a la Maderera Gallega y los daños del campo y el césped.
El juez dio el caso por sobreseido, por entender que se trataba de «meras desavenencias contractuales» y que el comportamiento del concejal de Festejos no era constitutivo de delito. El cantante recurrió a la Audiencia Territorial y volvió a perder. Al final cobró, pero le fue descontada casi la mitad de sus honorarios para pagar las deudas y al Sporting.
Seguro que Miguel Ríos aún recuerda este episodio. Su amigo Víctor Manuel le llevó 'saludos' de Daniel Gutiérrez Granda en más de una ocasión, saludos que, con sorna, le transmitía al cantante granadino. Incluso llegaron a coincidir en la presentación de una edición de la Vuelta a España que comenzaba en Granada, ya con Daniel Gutiérrez Granda como director general de Deportes del Principado. Hubo miradas, pero ni una palabra entre ambos. La culpa la tenían aquellos polémicos ocho millones de pesetas.

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