Salvador Gutiérrez Ordóñez es catedrático de Lingüística General de la Universidad de León. Este asturiano, autor de una veintena de obras sobre distintos campos del lenguaje, como la sintaxis, la pragmática y la semántica, pronunció ayer una conferencia sobre el gramático Emilio Alarcos Llorach. Fue en el marco de los cursos de verano de La Granda. Gutiérrez es, desde junio del año pasado, miembro de la Real Academia Española de la Lengua.
-¿Qué siente uno cuando lo invitan a sentarse en un sillón tan importante como el de Julián Marías?
-Pues hombre, te lo puedes imaginar. Es algo estupendo, en algún momento dado lo he comparado con un 'montage au mil', lo mismo que sería para un motañero alcanzar una cumbre a ocho o nueve mil metros. Es decir, para alguien que ha dedicado a la lingüística y a la filología su vida, que una de las instituciones más importantes del mundo hispánico como la Real Academia, le invite a tomar un asiento con su nombre y el número de miembro es una satisfacción inmensa.
-¿Qué cree que diría Alarcos respecto a las jergas lingüísticas y las formas de hablar de los jóvenes de hoy?
-Alarcos nunca fue dogmático. Nunca fue inquisidor del lenguaje. Siempre tuvo mucha comprensión porque se daba cuenta, conociendo como conocía el lenguaje, de que las lenguas son instituciones que tienen en sí mismas la raíz y la semilla del cambio. Tienen que ir cambiando y una de las formas de ese cambio es el lenguaje juvenil que siempre va tratando de romper y de innovar. Unas cosas se crean y otras se destruyen, desaparecen, pero el lingüista se limita a estudiar, a ver lo que pasa. Hay que adoptar siempre una posición positiva.
-¿En qué consistiría esa postura?
-El lingüista no es el inquisidor del lenguaje sino que ha de ser el defensor de este arte de enseñar a hablar y a escribir. Los niños, los jóvenes no nacen aprendiendo a hablar y a escribir; hay que decirles cómo y la enseñanza es la solución.
-¿Diría que esta manera de hablar pueda estar influida por las nuevas tecnologías, los chats y los mensajes de móvil?
-En parte, la juventud siempre tiene sus peculiaridades y una de ellas en estos momentos, sobre todo en el lenguaje escrito, se ve a través de los móviles. En el lenguaje de los sms predomina la economía, lo que influye en la presencia de unos rasgos ortográficos con muchas abreviaturas. Pero yo supongo que esto pasará porque, con los años, los jóvenes irán dejando de escribir con abreviaturas. Dentro de pocos años habrá una innovación tecnológica en la que los mismos móviles traducirán al lenguaje escrito el hablado y no será tan caro enviar mensajes.
-¿ Y las faltas de ortografía?
-Siempre ha existido el temor de que el lenguaje abreviado produjera alteraciones, por ejemplo cuando aparecieron los telegramas y los anuncios por palabras. Pero, tenemos que tener en cuenta que las abreviaturas están en la raíz misma de nuestro lenguaje escrito. En la Edad Media había muchas porque el soporte era muy caro. Mismamente la 'ñ', la letra más típica del español nace de la fusión de dos enes que se pronunciaban 'ñe' y para ahorrar se ponía sólo una con un acento circunflejo encima.
-En nombre de Ángel González, a quien mencionó en su intervención en La Granda, se creará una fundación con sede en Asturias, pero el Principado, que se había comprometido a ceder un edificio, aún no lo ha hecho. ¿Dónde cree usted que debería ubicarse?
-Pues no lo sé. Ángel González es un poeta asturiano nacido en Oviedo. Y esa circunstancia puede influir para que sea en la capital pero, a fin de cuentas, es un poeta de Asturias, un poeta universal y en ese caso ya no sabría decir. Depende de las circunstancias políticas, de la financiación. Que esté aquí creo que es lo importante.
-Cambiemos de tema. Hay quien critica que el 'manifiesto a favor del castellano', publicado recientemente va en contra del Partido Socialista...
-Ha habido un escrito promocionado por Fernando Savater y otras personas que no tiene nada que ver con la Real Academia. No ha pasado por ella aunque lo han firmado algunos académicos a título particular.
-¿Usted lo ha hecho?
-No. Y no porque no defienda el castellano sino por todo lo contrario, porque lo defiendo. Porque comprendí que, en estos momentos, firmarlo era acentuar las contradicciones e, incluso, podía ser negativo por las reacciones discordantes que iba a producir, lo que de hecho ocurrió. Creo que la solución está en un sereno diálogo entre los políticos y en una decisión legal. Es decir, si no está amparado legalmente por decisiones judiciales, o no hay un consenso político, no tiene solución.