No se les esperaba pero hicieron acto de presencia. La tormenta y la lluvia intentaron en vano romper la racha de diez récords mundiales consecutivos que Gijón ostenta en escanciado simultáneo de sidra. Las inclemencias del tiempo no fueron impedimento para que las 7.077 personas -178 más que el récord anterior- que se reunieron en la playa de Poniente superaran la marca establecida un año antes. Pero para conseguir este undécimo récord consecutivo hizo falta retrasar en 25 minutos la hora del escanciado para que los rezagados y los más tímidos por el tiempo bajaran al arenal de Poniente y levantaran los brazos al cielo gijonés para echar la bebida patria.
La tarde no pintaba nada bien. A las siete, cuando se abrió el acceso al público a la zona limitada para la prueba, una tormenta de verano descargaba con toda su fuerza sobre el arenal gijonés. En estos momentos parecía que se iba a truncar la racha de diez récords Guinness consecutivos. Pero los ánimos de los primeros en llegar a Poniente confiaban en que el tiempo diese una tregua y se volviera a superar un año más la marca de escanciado simultáneo de sidra.
Esta tradicional cita del verano gijonés ya se ha convertido en otra romería más. No en vano, eran muchos los que llevaron tortillas, empanadas o bocadillos para amenizar la espera hasta las ocho y media de la tarde, hora a la que estaba prevista superar los 6.899 culinos de 2007. La lluvia no apagó ni un minuto el ambiente festivo que había sobre la arena. Valga como ejemplo el caso de Encarnación García, Carmen Castillo, Inmaculada y María Jesús Díaz. Estas cuatro mujeres prepararon su particular picnic a base de tortilla, aceitunas, bocadillos y pasteles. Ni la lluvia ni la espera -llegaron a Poniente a las cinco y media- las desanimaron. «El agua no es problema. Con la juventud que tengo...», comentó Encarnación, que guardaba el último culín de su botella de sidra para el récord.
A contrarreloj
Pero aparte de combatir contra el tiempo, la de ayer fue una lucha contra el reloj. A falta de veinte minutos para las ocho y media, todavía se necesitaban 1.500 personas para superar los 6.899 culinos del año pasado. La megafonía atronaba para que los curiosos que se resguardaban de la lluvia dieran un paso al frente y se sumaran al intento. El tiempo seguía pasando y todavía faltaban 1.200 personas a doce minutos de la hora prevista y, diez minutos más tarde, 700.
El reloj dio las ocho y media, pero de Poniente no se movía nadie. Había que hacer un último esfuerzo para atraer más gente a la zona delimitada para el récord Guinness. Hasta los componentes de la banda de Gaitas Noega y de los grupos Jovellanos y Trebeyu cambiaron las gaitas y las castañuelas por la botella y el vaso de sidra. A las nueve menos veinte, todavía faltaban 280 personas.
Parecía que por primera vez Gijón iba a fallar en su intento de establecer una nueva marca mundial de escanciado simultáneo de sidra. Pero los improvisados chigreros no podían permitir haber pasado un par de horas bajo la intermitente lluvia para no lograr su objetivo. Fue entonces cuando unas 6.800 voces se unieron en un cántico único: «Los de la acera que bajen a la arena». Fue un acierto y el impulso que faltaba para animar a los curiosos que hasta ese momento prefirieron ver a participar. En un abrir y cerrar los ojos, 200 gijoneses bajaron a la arena para establecer un nuevo récord: 7.077 culinos contra el tiempo y contra el reloj.