El gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, lanzó ayer al Gobierno el mensaje de que las negativas consecuencias de las crisis hay que padecerlas, «por dolorosas que sean». Para que los malos tiempos pasen antes, no hay que intentar evitar los ajustes, porque así sólo se retrasaría la recuperación, aseveró. Por eso pidió mayor «audacia» tanto a las autoridades al abordar las reformas como a los agentes sociales en la fijación de los salarios y en la flexibilización de las condiciones de trabajo. A la banca le recomendó un mayor control de costes y riesgos, así como reforzar el importe y la calidad de sus recursos propios.
Ordóñez aprovechó un almuerzo- conferencia en Sevilla para adecuar el 'recetario' del informe anual que presentó en julio a la nueva realidad económica. Insistió en que la banca española ha sido «absolutamente ajena» a las causas de la crisis financiera, pero reconoció que las entidades se enfrentan a retos difíciles. También minimizó el aumento de la morosidad como «algo que cabía esperar y está aún lejos de alcanzar niveles alarmantes».
También transmitió alguna señal de aliento y confianza. «La economía española tiene hoy unas bases productivas mucho más sólidas, la equiparación con la renta media europea difícilmente será reversible y la estabilidad macroeconómica está garantizada», afirmó. La tasa de inflación probablemente se acercará «mucho más» a la media europea en los años 2009 y 2010, y los mercados esperan que los tipos de interés sigan situados en niveles relativamente moderados, lejos de las tasas de los años ochenta y noventa. De igual modo consideró «el gran acierto» de la economía española en la última década por el alto grado de estabilidad presupuestaria.
No a las ayudas públicas
Ordóñez dijo comprender las razones que llevan a las empresas a pedir ayudas públicas, pero instó a «extremar la prudencia en las decisiones fiscales y presupuestarias». Se deben adoptar políticas que proporcionen los incentivos adecuados para que los agentes se adapten al ajuste. Citó, entre ellas, la supresión de trabas a la creación de compañías.
Instó además al Gobierno a acometer las reformas estructurales necesarias para favorecer la competencia en la distribución comercial. Dada la bajada en la demanda de viviendas, aconsejó mejorar la regulación de los alquileres.
«Las empresas y los sindicatos se enfrentan al reto de contener el efecto del ajuste sobre el empleo». Y sugirió hacerle frente adecuando los salarios a la situación específica de las empresas. Consideró «especialmente nocivo» el sistema de cláusulas de revisión ligadas a la inflación, porque «empeora la capacidad de las empresas para competir y seguir creando empleo, y genera inflación que repercute en los colectivos no protegidos».
Finalmente, sugirió a las familias que se adapten a los cambios, que vuelquen sus esfuerzos en la formación de sus miembros, la capacitación profesional y la versatilidad. Y también que incorporen a sus pautas cotidianas el ahorro de energía.