Premio Nacional de Narrativa en 2007 por 'El abrecartas' -novela epistolar con Federico García Lorca al fondo-, poeta incluido por Josep Maria Castellet en la legendaria antología 'Nueve novísimos' (1970), director de la película 'Sagitario' (2001), crítico cinematográfico, autor teatral e incluso libretista operístico, Vicente Molina Foix (Elche, 1949) ha sido uno de los participantes en el XXIV Encuentro de Verines que podría abordar el debate suscitado allí entre la literatura y el cine desde ambas perspectivas.
-¿A cuál de sus múltiples personalidades artísticas deben hacerse las preguntas?
-A alguien que escribe en diversos formatos y que en un momento dado hizo una película. Pero la actividad que más me absorbe es la novelística.
-¿El poeta ha quedado relegado?
-Escribo menos poesía. De aquel grupo seleccionado por Castellet, somos varios los que acabamos frecuentando la narrativa: Vázquez Montalbán, Félix de Azúa, Ana Mª Moix...
-En cuanto al cine, ¿tiene un modelo de referencia?
-El cine que posee un pensamiento detrás, que no tiene nada que ver con el cine literario, sino con un lenguaje cinematográfico especial. Cine literario, por ejemplo, lo hizo Marguerite Duras. Mis cineastas como modelo son Pasolini y Hitchcock. Pasolini realizaba un cine que no mantenía ninguna relación con su literatura, dando una gran importancia a la orografía de los rostros y a ideas genuinamente fílmicas. Otro ejemplo es Bergman, que inventa en el plano y no sobre el papel.
-Después de 'Sagitario', ¿no ha pensado en volver a ponerse detrás de la cámara?
-Estoy pendiente de un proyecto para el año que viene, pero no puedo anticipar nada.
-¿Qué diferencias encuentra entre la escritura cinematográfica y la literaria?
-En el cine, escribes tres veces. En el guión, durante el rodaje y, sobre todo, al hacer el montaje.
-¿Y la dirección de actores cómo la llevó?
-Eso fue lo que más me gustó. Yo creo que cuando un actor advierte que un director le ama se da la correspondencia recíproca. Yo he tenido una historia de amor con todos mis actores. He mandado, pero no mucho. Les oía y estaba con ellos. El rodaje es una zona maravillosa.
-Habida cuenta de que se le considera un crítico cinematográfico riguroso, ¿pasar al otro lado le ha hecho más comprensivo y benévolo?
-Entendí que el cine tiene un problema que no es propiamente artístico, el cual suele pasar inadvertido para el crítico o el espectador. Y es que no vemos siempre lo que pretendía llevar a cabo el autor, sino un producto sobre el que pueden pesar otras interferencias. Un libro, mejor o peor editado, es el resultado intacto de lo que puso el escritor en cada línea. En el cine existen factores añadidos. José Luis Cuerda ha tenido que suprimir veinticinco minutos de 'Los girasoles ciegos', que sin embargo se conservarán en formato DVD. Él dice que se vio la conveniencia del recorte por motivos artísticos. Es posible. Pero hay casos en los que esas modificaciones se imponen.
-O sea, más benévolo...
-Más triste... Por los imponderables que rodean al director. Paul Auster me dijo cuando supo que iba a rodar la película que me aguardaban algunas frustraciones al tiempo que una experiencia fascinante. Las dos cosas se cumplieron.
-Javier Bardem, Almodóvar, Trueba, Garci... ¿El brillo que obtiene el cine español en los Oscar es el verdadero exponente del talento nacional en el séptimo arte o sólo excepciones a una regla más mediocre?
-El cine español tiene la recepción que merece. Yo creo que su calidad no es inferior ni superior a la del resto del mundo, incluyendo los Estados Unidos. Hay un porcentaje de películas excelentes, junto a una proporción de basura. Pero esa realidad vale igual para la literatura. La basura siempre ha estado en el arte. No pensemos que en el siglo XVI sólo existió Shakespeare. Lo que pasa es que cuando examinamos nuestras cosas, ponemos una lente de aumento, tanto para lo bueno como para lo malo.
-El Encuentro de Verines rindió homenaje a Rafael Azcona. ¿Mantuvo relación personal con él?
-Escasa, aunque intensa. Hice una crítica de una película de Fernando Canales, con guión suyo, en la que para conservar la imagen iconoclasta escribí que no todos los guiones de Azcona eran tan geniales como se aseguraba. Supe que había comentado el artículo con la ironía elegante que le caracterizaba. Hace año y medio, nos conocimos personalmente y todos los adjetivos se quedan cortos, su gracia, su finura, su cultura literaria impresionante. Y su inmensa capacidad para contar historias en las conversaciones. Sin duda, ha escrito algunos de los mejores guiones de la historia del cine.