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Vicente Molina Foix acompaña a la viuda del escritor en la presentación de la novela póstuma
04.10.08 -

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«Es una obra a la altura del mejor Cabrera Infante». Con estas palabras celebró el escritor Vicente Molina Foix la aparición de 'La ninfa inconstante', en un acto celebrado en Madrid y al que además de la viuda y albacea del autor, Miriam Gómez, asistieron otros literatos como Mario Vargas Llosa. «Es un texto que engarza, por calidad y ambición, con sus célebres 'Tres tristes tigres' y 'La Habana para un infante difunto», apuntó Molina Foix. «Es más corto de extensión, pero en lo demás no tiene nada que envidiarlos». Foix hizo hincapié en la técnica empleada por el Premio Cervantes. «La novela está escrita en dos planos que discurren sin entorpecerse. En uno de ellos se cuenta la realidad, en otro es la voz del hombre maduro quien irrumpe con sus fábulas y sus juegos de palabras. Estela no entiende nada y se enfada».
La gran capacidad de transformar la prosa en poesía -y viceversa- queda constatada en una narración donde -según reconoció su viuda- hay bastantes pinceladas autobiográficas. «Lo que le ocurría a mi marido es que vivía la literatura y el cine como si fuesen más reales que la propia realidad, algo que yo ya tenía asumido».
Amigos
Miriam Gómez dio las gracias a «los númerosos amigos españoles» con los que contó su marido en los momentos más difíciles. «Cuando nadie le quería en Cuba, cuando todos allá le hicieron el vacío y tuvo que exiliarse, aparecieron personas como Vicente Molina Foix, Juan Cruz y David Trueba que le colmaron con su apoyo».
Este último, que también intervino en la presentación, elogió la manera que tenían de «complementarse» Guillermo Cabrera Infante y su mujer. «Contaban anécdotas a dos voces y dominaban de maravilla el clímax emocional y el humorístico; eran unos anfitriones perfectos». Trueba recordó el día que cuidaron a su hijo para que él y su mujer pudieran ir a la ópera. «Se prestaron a hacer de 'baby-sister'».
Cabrera Infante, un hombre de frases desconcertantes -«el orgasmo es mi instrumento musical favorito»- y un hombre que dudaba de casi todo. «A pesar de sus contradicciones buscaba el placer y los aspectos positivos de la vida», dijo el cineasta y escritor David Trueba. «Dejó de hacer crítica de cine cuando vio que el cine dejaba de aportarle cosas; no iba al cine para demoler sino para disfrutar».
El Premio Cervantes firmaba sus trabajos de crítica cinematográfica -allá por los años cincuenta- con el pseudónimo G. Caín. «El libro está lleno de guiños de este tipo; en mis pesquisas detectivescas he averiguado bastantes paralelismos entre el personaje de la novela y Guillermo Caín; le entusiasmaba jugar: con los vocablos, con las referencias literarias y cinematográficas, y con la propia vida».
Finalmente, el escritor Mario Vargas Llosa, presente en la sala, dijo que estaba deseando leer la novela de su «gran amigo». «Le quise como persona y le admiré como escritor», señaló.

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