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El teatro de la Laboral acaba de cumplir su primer año en funcionamiento con opiniones opuestas sobre el acierto en la programación y críticas por la ausencia de grupos asturianos
26.10.08 -

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Un 19 de octubre de hace un año sonaban las campanas en el Teatro de Laboral para darle la bienvenida a un espacio viejo, pero nuevo, completamente rehabilitado y modernizado, con una caja escénica espectacular y un sinfín de proyectos por delante. Ese escenario ha sido precisamente el hogar de Laboral Escena, una iniciativa cultural que busca acercar las propuestas artísticas más vanguardistas a Asturias en todos los ámbitos, el de la música, la danza, el teatro, y participar también activamente en su producción.
Nació ya la iniciativa con críticas y cumple su primer año de vida en el teatro sin librarse de ellas. Laboral Escena nunca tuvo el beneplácito del gremio asturiano, que siempre ha cuestionado su ausencia de la programación y que sigue sin verle futuro al planteamiento que defiende a capa y espada Mateo Feijóo, su director. «Para mí el balance ha sido positivo, a pesar de que ha tenido un comienzo difícil, porque son muchas las informaciones que tenemos que hacer llegar», dice el responsable de Laboral Escena, que asegura que durante este tiempo ha conseguido hacerse su público y su hueco en las propuestas culturales de la región.
Feijóo sostiene que aún queda mucho trabajo pendiente, sobre todo en la relación con la sociedad asturiana a la que se dirigen los espectáculos, pero aún así hay ya un centenar de personas que acuden a todos y cada uno de los espectáculos. Es un porcentaje pequeño, pero suficiente para un primer año en el que, pese a no haber conseguido la medalla de oro en casa, sí lo ha hecho fuera de sus fronteras. «Hemos conseguido posicionarnos en el ámbito internacional y el objetivo para el próximo ejercicio es hacer lo mismo en el plano nacional, para empezar a trabajar en la mediación y la comunicación social, en crear vínculos entre colectivos», dice Mateo Feijóo, quien niega que se vete a los profesionales del teatro asturiano, sino que sostiene que todos sus proyectos están abiertos a ellos, porque las representaciones son sólo la punta del iceberg de un proyecto mucho más amplio y ambicioso en el que la producción de espectáculos y la residencia de artistas es fundamental. «Es un camino en el que se está trabajando en el resto de Europa», subraya.
El caso es que ese mensaje que Feijóo tiene tan claro no acaba de calar hondo en otros colectivos incapaces de entender cómo en un espacio con aforo para casi 1.400 personas se plantean funciones para poco más de un centenar, y lo que es más importante, cómo ninguna compañía asturiana tiene espacio en esas tablas. «Yo ya me he hartado de decir que esto es un coto completamente vetado a las artes escénicas asturianas, me parece una sinvergoncería ver cómo los actores asturianos somos dejados de lado en cualquier programación de Laboral Escena», asegura el dramaturgo, actor y director Jorge Moreno, que no disimula un ápice de vehemencia cuando habla de esta apuesta: «Yo me pregunto qué pasaría en Cataluña, País Vasco, Madrid y Galicia si ocurriera esto?», dice.
Claro que al margen de vetos incomprensibles, sostiene que la programación tampoco está a la altura de lo que se vende. «Ha venido gente de nivel y auténticos estafadores. Recuerdo un austriaco que se paseaba por Gijón con unos electrodos», dice. Y añade que «no se ha conseguido que la programación cale en la gente normal, en los potenciales espectadores, entre otras razones porque los aforos se limitan y son ridículos».
Elitista
Menos duro se muestra Manuel Pizarro, un reconocido actor y director gijonés que lleva un par de años sin pisar las tablas precisamente por obra y gracia de Laboral Ciudad de la Cultura. El Teatro Estudio de Gijón (TEG), una de las formaciones más sólidas y con más historia de la ciudad, siempre tuvo su sede en la Universidad Laboral, allí tenía su local de ensayos y aquel teatro era en cierta forma el suyo hasta que el edificio de Moya se convirtió en Ciudad de la Cultura y se quedaron sin hueco en el inmenso inmueble. «Lo que oigo es que es un espacio que se está empleando para cosas muy elitistas, no para el público en general, son apuestas muy particulares, que tienen sentido para quien tiene un determinado sentido de la estética, de la manifestación artística, pero que es muy minoritario y extraño», asegura Pizarro.
Más conciliador entre las posturas de unos y otros se sitúa José Miguel Díaz, miembro de la Ejecutiva del Sindicato de Actores de Asturias, y que paralelamente trabaja en Laboral Escena. Con esa doble perspectiva que le da su privilegiada situación, ve que falta entendimiento entre quienes gestionan Laboral Escena y quienes buscan un hueco que no tienen. «Probablemente se habló muy poco, no se ha explicado con claridad cuál es el proyecto y cómo se pueden integrar los asturianos», afirma. Y añade que la Consejería de Cultura quizá debería «mover ficha» para provocar un acercamiento. «Espero que ésta sea una situación transitoria, que se abran los cauces de diálogo para que todo el mundo sepa lo que se está haciendo aquí».
A su juicio, eso sí, la programación es buena y poco a poco ha empezado a gustar a una población siempre abierta a todo lo que tenga el sello de innovador. «Todo el mundo lo conoce y hay una oferta radicalmente distinta, radicalmente contemporánea, se está cubriendo un hueco», señala. Desde una perspectiva más alejada de la escena, pero cercana a lo que pasa en el mundo cultural asturiano, José Luis Cienfuegos, director del Festival de Cine de Gijón, respalda el proyecto, eso sí sin entrar a valorar la programación por cuanto no forma parte de su campo. «La impresión general es que ya ha despegado, que la propuesta ha sido entendida, se está entendiendo, y creo que es un terreno muy interesante en el que se se va a seguir trabajando», subraya. Añade Cienfuegos que desde el principio se habló de la importancia de la colaboración entre Laboral Escena y el Teatro Jovellanos e insiste en que es clave que así sea en el futuro.
Mar Álvarez, del grupo Pauline en la Playa, sí que gusta de la programación de Laboral Escena y del concepto del mismo, pero apunta directamente a un asunto tan prosaico como real: la distancia, que es el olvido, como dice la canción. Y eso le pasa, a su juicio, a Laboral Escena: «Yo podría ser una espectadora en potencia, pero reconozco que muchas veces me puede la pereza». Compara Mar Álvarez las propuestas de Laboral Escena con la de la Casa Encendida de Madrid, que ella frecuentaba precisamente no sólo por el gusto por ver cosas nuevas, sino también por una cuestión de proximidad. «Yo creo que el hándicap que tiene no es la programación, porque está muy bien que haya una programación que no sea populista, sino en dónde está», señala. Porque un día cualquiera caminar por Gijón para ver algo que ha despertado la curiosidad, que es llamativo e interesante es fácil; coger un autobús o un coche es bastante más complicado.

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