El equipo de Preciado y sus miles de incondicionales conquistaron La Coruña. Ni las previsiones más optimistas se lo esperaban. Todo se desbordó en el buen sentido de la palabra. Cerca de 7.000 personas viajaron a la ciudad gallega para arropar al conjunto gijonés y de esas unas 5.000 entraron al campo. Ni María Pita, que tuvo que lidiar con el mismísimo corsario Francis Drake para asustarle y echarle de la ciudad gallega hace más de quinientos años, daba crédito desde su pedestal. Y mucho menos Lendoiro, quien estaba totalmente convencido de que no podrían viajar ni 3.000. Tendría que haberles preguntado a sus vecinos de Ferrol por su experiencia el año pasado.
En lo deportivo ganó el Sporting. Y en lo social, también. El rojiblanco, que no jugaba en casa, aunque daba esa impresión, no le dio tregua al blanquiazul y lo acabó marchitando. La mareona, que comienza a darse a conocer, cada semana con más fuerza, en el selecto círculo de Primera, tiene estas cosas.
«No recuerdo haber visto nunca tantos aficionados del otro equipo, salvo cuando viene el Madrid y el Barcelona. Esto es alucinante», comentaba muy sorprendida ayer una seguidora del Deportivo, que el último recuerdo que tenía del conjunto rojiblanco se remontaba «a la época de Luis Enrique, Abelardo y Juanele». Mientras tanto, ante sus ojos, varios centenares de sportinguistas copaban todas las terrazas de las cafeterías más céntricas de la ciudad. Y eso que esta era sólo una pequeña muestra de lo que se vivió este fin de semana en La Coruña.
«Da igual donde vayas y donde mires que siempre ves a alguien con la camiseta rojiblanca», señalaba Montse, otra deportivista confesa que buscaba entre el mosaico rojiblanco de la plaza de María Pita la entrada de su casa.
Los comentarios se repetían ayer en distintas tertulias a nivel nacional y, más tarde, retumbaban en todas las calles de La Coruña. Por afición, el Sporting debería estar en la 'Champions'. Ayer se encargó de recordarlo y volvió a ser, más que nunca y casi sin quererlo, protagonista del encuentro. Únicamente, un violento altercado, que se saldó con un seguidor del Sporting herido, empañó un poco la fiesta, pero fue sólo de pasada.
La hostelería no daba crédito
Desde el sábado a mediodía, la afición rojiblanca comenzó a instalarse en La Coruña y alrededores. Llegaron en total unos 7.000, aunque no todos entrarían después a Riazor, donde los mensajes de apoyo a Preciado y sus pupilos y sus goles acabaron por apagar cualquier iniciativa local. La hostelería local no daba crédito a lo que veía y se frotaba las manos.
Pero es que mucha gente ajena al Sporting, sobre todo por las diferencias de categoría y el escaso seguimiento que se hace de los equipos que llevan muchas temporadas en Segunda, se ha perdido los últimos episodios de la biografía rojiblanca. La mareona no es algo novedoso y aislado. Ya ha ocupado muchas líneas y ha inspirado muchos reportajes. Durante varias temporadas, vivió sepultada por una categoría muy ingrata. Pero ahora ha vuelto al lugar que le corresponde. Dispuesta a viajar a cualquier punto de la geografía española para apoyar al equipo de Preciado y para animar el ambiente. Aunque los tiempos no sean muy boyantes a nivel económico. Pero es que la mareona no entiende de crisis.