A las diez menos cinco casi todos están en sus asientos. La banda sonora en el patio de butacas del teatro de la Universidad Laboral es la de un grupo de niños y adolescentes hablando acelerados y encantados de estar en el cine en horario escolar. Queda ya poco para que empiece una proyección muy distinta a las habituales: los personajes hablan en francés y sus diálogos han de seguirse a través de subtítulos. 'Max&Co', una cinta de animación francesa dirigida por Samuel y Fréderic Guillaume está a punto de proyectarse en pantalla grande. Y, sorpresa, Samuel está en la sala para presentar ante los más de 600 escolares su obra. Dice un «hola» en castellano y explica en su lengua que está encantado de estar en España para presentar por primera vez esta historia de un zorro de 15 años que busca a su padre en una ciudad en la que existe una fábrica de matamoscas. Lleva una maleta y dice que en ella viajan todos esos personajes creados con tecnología digital que están a punto de transitar por la pantalla.
Arranca así la primera de las sesiones de Enfants Terribles, el ciclo patrocinado por EL COMERCIO, en el que compiten trece películas y que busca galardonar a la mejor para niños y chicos. Esta sección del Festival de Cine de Gijón sirve para ver esas cintas hechas expresamente para ellos, para involucrar en el certamen al público del futuro, para acostumbrar a los niños y los que van camino de ser mayores a la versión original, y por eso escolares de toda Asturias dejan las aulas por unas horas para mirar con otros ojos a la pantalla. Se estima que serán más de 13.000 los chicos que sigan los proyecciones, la mayoría participantes en las sesiones concertadas con colegios de toda Asturias.
La Laboral se estrena este año como escenario de este ciclo, que ayer, en su primera sesión, reunía a alumnos del instituto de El Piles con los del colegio de las Ursulinas, a los llegados desde Gijón con los que viajaron desde otros puntos de la región. Para muchos de ellos era la primera vez que además de observar las bellas imágenes compuestas por los directores franceses, también debían leer para entender sus palabras. Es el caso de Pablo Suárez Sánchez, de 12 años, del instituto El Piles. «La peli me pareció muy guay», dice este chico al que eso de leer en pantalla no le pareció «un coñazo», «pero tampoco me gusta porque había que leerlo rápido porque si no se pasa la escena». Un compañero suyo -del instituto, que no de clase-, Álvaro Rubiera, de 11 añitos, dice más o menos lo mismo, y está, como todos, feliz de salir en horario escolar del centro para ir al cine. Eso sí, puestos a elegir, prefiere ver las pelis «en español».
En eso le queda mucho trabajo pendiente al Festival de Cine de Gijón, porque lo de los subtitulos cuesta. Claudia Peñayos tiene 12 años y está contenta. Es su primera vez en el Festival: «Me parece bien, porque perdemos clase y las películas están bien». Le ha gustado la cinta que acaba de ver. Lo que más, el final feliz, ese que aplaudieron al unísono todos los presentes. Pelayo Sutil, del mismo instituto y la misma edad, lo tiene claro: «Los subtítulos te distraen un poco de la peli», tanto es así que en ocasiones hasta no se enteraba. Pero no descarta ir el fin de semana a ver alguna cinta.
Lo que les gusta a todos, y mucho, es sentirse partícipes del Festival, porque sus votos cuentan a la hora de dar los premios.
A los chicos eso del francés no les acabó de convencer, pero a María José Suárez, del instituto El Piles y profesora precisamente de la lengua gala, le pareció una estupenda clase la que ayer tuvieron sus alumnos. «A ellos les encanta, por perder dos horas de clase y también por las películas», dice. «Me parece perfecto que vean las películas en versión original», añade.