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NOSTALGIA Sobre la hornacina de entrada figura un grupo escultórico, en cuya parte inferior posa la estatua de Santiago Apóstol como jinete y en la superior se hallaba una reproducción de la Cruz de la Victoria, obra del escultor Espinos, realizada en bronce y desaparecida en el año 1995.
23.01.09 -

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La Cruz de la Victoria en la Laboral y otros asuntos
GASPAR MEANA
L A historia de Gijón, entre otros muchos hitos, se halla comprendida en este extraordinario monumento, la Universidad Laboral, que se levanta en el precioso valle de Cabueñes. Hoy voy, una vez más, a hacer un canto a este «mi pueblo». Fue casi ayer -hace cincuenta y seis años- cuando, avanzada su construcción, observé por vez primera cómo se desarrollaban los trabajos. Desde la entrada, traspasado el atrio corintio, se vislumbraba, al fondo, la iglesia en esbozo adelantado, delante de la cual un enorme andamiaje daba cuenta de la magnitud de la obra y a su izquierda, y en su parte posterior, la torre que alzaba su mole de piedra, desde cuya altura habría el alma de saciarse de la inmensidad de los espacios. Entonces, ya podía hacerse uno la idea de su impresionante arquitectura inacabada; a la derecha, el aula magna o teatro, aún en ciernes; enfrente, la edificación destinada a aulas, laboratorio, paraninfo y otros servicios. Como en un pueblo, todo confluye hacia una gran plaza central, en aquellos días, depósito de materiales, sobre todo sillares de piedra apilados o dispersos. Recuerdo ruido de voces y de herramientas en plena tarea y un movimiento incesante de camiones que portaban instrumental, hierros, maderos y máquinas.
Este conjunto, todavía en embrión, excitó mi alma adolescente hacia una vaga idea de algo grande, esperanza luego superada por la realidad. Pensaba, aún teniendo la edad de alumno, lo formidable que sería ser profesor de aquella institución, circunstancia que, gracias a Dios, habría de cumplirse. Y así, durante más de treinta años, mi ansia dorada de niño vio su ilusión cristalizada. Unas monjitas clarisas, que habrían de ocuparse de la cocina y ropero, cruzaban el patio acompañadas de dos técnicos que, según pude deducir, iban a enseñarles la futura ubicación de la clausura.
En la iglesia, de planta elíptica, sobre el linternón, una bola y, como remate natural, la cruz que un día de tormenta un rayo se encargó de destruir. Se colocó entonces un nuevo globo, pero nunca tuvo lugar la reubicación de la cruz, quedando la esfera como una boina a quien se ha cortado el rabillo. Sobre la hornacina de entrada, figura un grupo escultórico, en cuya parte inferior posa la estatua de Santiago Apóstol como jinete y en la superior se hallaba una reproducción de la Cruz de la Victoria, obra del escultor Espinos, realizada en bronce, con incrustaciones de cristales, mármoles y piedras de colores, desaparecida en el año 1995, como consecuencia del deterioro sufrido a la intemperie. A ella es a la que me refiero.
Hoy, como un perfil, aparece su esqueleto. Esta cruz quedó hecha cimiento en nuestras almas y la echamos de menos, porque los asturianos, aunque nos sabemos españoles y de ello estamos orgullosos, amamos los emblemas que caracterizan nuestra región, la que juzgamos mejor y más hermosa. El recuerdo no se fue de mi corazón y siempre hice patente la nostalgia hacia el símbolo perdido, creía yo que sólo por un lapso.
Pero el ansia de reposición va creciendo con el tiempo: la visión de la Cruz de la Victoria quedó impresa en mi retina, como si un mago hubiera realizado un hechizo. Su ausencia es muy real y me produce dolor y extrañeza. Catorce años han pasado y en ese período se produjeron mil obras, inauguraciones y generosos presupuestos, pero nuestra Cruz de la Victoria continúa en el limbo, sin que, al parecer, nadie quiera hacerse cargo de su reinserción.
Se intentó, desde el propio centro, la restauración, pero el elevado coste (tres millones de pesetas) obligó a desistir. Este símbolo civil es, igualmente, signo de la presencia del Principado, porque así lo han decidido los asturianos.
El día 11 de enero, el Nuncio de Su Santidad va a clausurar en la catedral de Oviedo el Año de las Cruces de la Victoria y de los Ángeles. Si pregunta por la Cruz de la Victoria de esta plaza Mayor de Asturias, que es el patio central de la Laboral, y le muestran sólo su asiento, algo habrá que responderle. Al arzobispo de Oviedo y al presidente del Principado corresponde decir si este icono debe quedar reducido a una sombra o, por el contrario, va a tomarse en serio su reposición.
P ara terminar, aludir a dos asuntos importantes: el primero, denunciar un asalto a la suntuosidad de la edificación, creada y esculpida para la docencia. Es la cerrazón de nuestros rectores, locales y provinciales, para construir en ella 102 minipisos, cuando su excelsitud se vería reforzada con una residencia de estudiantes o colegio mayor. La majestad de su exterior va a ser contrarrestada por especulaciones de grandonismo en su interior, que atentarán contra la protección especial de que ha sido revestida; su silueta civiliza el paisaje; parte de sus tripas, la embrutecerán. ¿No hay manera de eliminar este desatino que va contra natura, sangrado de dinero, espacio y esfuerzo? Al contemplar la donosura de la Laboral, entiendo que también es excepcional, resplandeciente, y lo que con esto se pretende es, aparte de violentar la ley, atentar contra su propia naturaleza.
La otra cuestión se refiere al INEF. Espacio en la Laboral existe. El silencio de los políticos locales es una respuesta desastrosa en ambos casos, porque, como dice el refrán, «el que calla, otorga». Cuando no haya remedio, la única salida será lamentarnos, tanto de haber permitido construir una colmena, como de la ausencia de una facultad del deporte, que Gijón se merece por todo lo alto.

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