A mí, personalmente, viendo qué derroteros sigue la política, cada vez me parecen menos interesantes estas encuestas de valoración. Resulta más tentador conocer la opinión que tiene la población de asesores y técnicos, que son en quienes, realmente, recae el meollo de la gestión de los dineros de los contribuyentes. Así, los primeros ponen la mano y los segundos, la cara. Lo bueno sería poder valorar, por ejemplo, qué asesor tiene una mayor desproporción sueldo-carga de trabajo, o qué técnico sabe comerse mejor los marrones cuando los políticos han de esconderse en el burladero. Esos sí serían datos reveladores de la visión que tienen los ciudadanos de la política real, y podrían premiar a los implicados, si las circunstancias fueran propicias, con ovación y vuelta al despacho (los hay tan amplios que permiten cientos de actividades lúdicas con que matar las horas de tedio).
Pero, volviendo al tema de los próceres, que es el único índice que tenemos por ahora, es bastante revelador de la situación política en Asturias: aprueba, por los pelos, el 33%, y uno de ellos se acerca a lo que, en tiempos, se conocía como «muy deficiente». Lo malo es que, en vez de expulsarlos, pasará como en el colegio: que repetirán curso. Una y otra vez.





