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La regasificadora sitúa a El Musel como enclave estratégico para la seguridad energética de España
La planta asturiana ayudará a reducir los riesgos ante un posible corte de suministro de los países productores de gas Los expertos del Real Instituto Elcano apuestan por estimular los niveles de inversión para garantizar la demanda futura

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La regasificadora sitúa a El Musel como enclave estratégico para la seguridad energética de España
ENERGÍA. Graciano Torre, Vicente Álvarez Areces, Fernando Menéndez Rexach y Gustavo Suárez Pertierra, en la Quinta la Vega. / SEVILLA
La regasificadora de El Musel convertirá a Asturias en uno de los enclaves estratégicos para la seguridad energética de España, donde el gas licuado -que se transporta en estado líquido en buques metaneros- se impone al conducido a través de gasoductos. Así lo pusieron ayer de manifiesto los expertos que participaron en Gijón en la VII reunión del Grupo de Trabajo de Energía del Real Instituto Elcano. «La demanda de gas podría incrementarse en los próximos 25 años entre un 50 y un 100%», auguró el director del Programa de Energía del Real Instituto Elcano, Paul Isbell.

Frente a la concentración de las reservas de gases en pocos países «no estables» desde el punto de vista comercial y político, Isbell apuesta por evitar crear una alarma «muy exagerada» por el riesgo de sufrir un corte de suministro. Según explica, España es de los pocos países donde la importación de gas licuado supone dos tercios del total, mientras que el resto viene a través de gasoductos. Un modelo de mercado que, a su juicio, deben seguir en el futuro otros países donde tan sólo el 25% del gas comercial es licuado. «Si el mundo demandara cada vez más gas licuado podría romperse el riesgo de sufrir desabastecimientos como mantienen algunos productores», vaticinó. El experto alertó sobre la falta de inversiones para satisfacer la demanda. «En los próximos 15 ó 20 años no habrá inversiones suficientes en elementos que van desde la producción de la energía al consumo», advirtió. En su opinión, la solución pasa por estimular los niveles de inversión para garantizar el ritmo actual de crecimiento de la demanda.

Isbell valora el hecho de que la demanda sea «muy alta» para poder satisfacerla y que en los países productores se apuesta cada vez más por acaparar terreno en estas industrias, hacer mayor control, aumentar su beneficio, subir los impuestos a empresas extranjeras o a ponerles restricciones en favor de empresas nacionales. También aludió a la insistencia de la Unión Europea de separar la producción y generación de energía de la distribución y comercialización, y la posibilidad de que ésto mine la capacidad de inversión futura de las empresas.

Riesgos geopolíticos

En la actualidad, más del 75% del gas procede de Rusia y el Golfo Pérsico, países «no estables» si se tiene en cuenta el aspecto comercial y político de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Este problema está siendo analizado, según Isbell, desde el punto de vista de dos escuelas de pensamiento contrapuestas. La primera ve la procedencia del gas como una «amenaza» a la seguridad energética por la concentración de reservas en países «más agresivos» con demostraciones como la de Rusia cuando cortó el suministro de gas a Ucrania. La segunda que, pese a ser consciente del riesgo, considera que se exagera la amenaza y se transmite pánico aunque existan sólo muy pocos casos de recortes energéticos en la historia reciente.

De acuerdo a los planteamientos de esta escuela, que considera que la anterior «sobrevalora el componente político», cuando se producen disputas entre países productores y consumidores de energía, éstas se basan más en un asunto comercial, al que luego se añade el componente geopolítico.

El gas licuado juega un papel de primer orden ya que permite «más flexibilidad comercial» y evita depender en exclusiva de unos pocos países. La demanda de gas conllevará que el licuado, sin llegar a ser el predominante, cobre una mayor importancia y se aumente su consumo. En la actualidad el gas licuado tiene más peso que las energías renovables, donde éstas sólo suponen un 10% dentro del mix global de generación. No obstante, la UE obligará a que de aquí a 2020 este porcentaje se vaya incrementando hasta alcanzar el 20%, por lo que se igualará su importancia con el gas licuado.

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