
-El informe que acaba de hacer público Bruselas parece alejar a España de Kioto. ¿Siguen pensando que cumpliremos?
-No tengo ninguna duda de que España va a cumplir sus compromisos con Kioto. No cumplir no es una opción. Hablamos de una exigencia no sólo jurídica sino ética. España tiene que contribuir, en lo que le corresponde, a la lucha contra el cambio climático y, además, es algo que tiene sentido económico y de calidad de vida a largo plazo. Desde mediados de 2005, España ha cambiado su perfil energético. Hemos empezado a reducir la intensidad energética y a disminuir nuestro volumen de emisiones.
-¿Es Bruselas consciente de ese esfuerzo?
-Desde luego. El informe no cambia nada. Nos recuerda una fotografía de hace dos años. Es un buen recordatorio para toda la sociedad española porque Kioto requiere de un gran esfuerzo de todos. Quien piense que sólo el Gobierno tiene que dar respuesta a este problema está equivocado. Las respuesta la tienen que dar también los gobiernos autonómicos, las entidades locales e, individualmente, los propios ciudadanos.
-En esa línea parece estar la nueva campaña del ministerio para aumentar la conciencia social.
-Más de la mitad de las emisiones de efecto invernadero en España se producen en los sectores difusos (transporte, residencia, hogares...). En ellos, no hay esfuerzo pequeño. Si se acometen por parte de todos se multiplican de forma extraordinaria. Sustituir una bombilla en el domicilio va a ser la clave de nuestras oportunidades de cumplimiento y eso se aplica exactamente igual a las administraciones públicas. El ciudadano no puede recibir mensajes si la Administración no lo hace. En Medio Ambiente, lanzamos en 2005 un programa de ahorro que en 2006 nos permitió reducir un 3% de consumo de electricidad. En 2007 reduciremos otro 3%.
Desequilibrios
-La patronal asturiana ha acusado al Gobierno de convertirse en 'adalid de Kioto' en perjuicio de la industria.
-Las empresas han respondido con mucha madurez al reto de Kioto y creo que el avance que se ha producido en estos últimos años es fruto de esa actitud. Las comunidades autónomas han tenido que poner en marcha un sistema de autorización de instalaciones y de control y seguimiento de las emisiones de gran complejidad técnica.
-¿Comparte los desequilibrios que alegan las empresas?
-Nadie puede decir que las acciones que hemos tomado ponen en peligro la competitividad de la empresa española. Pero creemos que los objetivos que se le fijaron a España en el periodo 2008-2012 no son todo lo equitativos y equilibrados que deberían haber sido. Lo que no es planteable ni jurídica ni política ni económicamente es poner en tela de juicio los compromisos ya adquiridos que sumirían a la empresa en una situación de inseguridad jurídica. Asumiendo los compromisos, nos estamos dotando de la legitimidad y la autoridad para exigir en el siguiente periodo un trato más equitativo.
-¿Qué cambios se deben introducir en la próxima negociación?
-En los sectores difusos hay que tener en cuenta las emisiones per cápita. A medio plazo nadie va a aceptar que los ciudadanos de un país tengan la obligación de emitir menos que los ciudadanos de otro país. Tenemos que utilizar un criterio de eficiencia basado en las mejores tecnologías disponibles. No tiene sentido que una instalación eficiente en España tenga que comprar derechos a un competidor menos eficiente por razón de los compromisos que haya asumido su país.
-¿Tiene futuro el carbón?
-El carbón es una parte imprescindible del futuro energético del planeta, pero siempre que se utilicen técnicas de captura y almacenamiento de CO2. Los países con grandes reservas y las grandes economías emergentes como China no van a renunciar a su uso.
-¿Es necesario que se reabra el debate sobre la energía nuclear?
-El debate nuclear está abierto. Quien dice que hay que reabrirlo es porque no le gusta la posición del Gobierno. Actualmente estamos haciendo una prospectiva energética al año 2030 para saber cuáles van a ser nuestras necesidades energéticas. Debemos saber si es posible sustituir y con qué alternativas la energía nuclear en España. Tengo la convicción de que las incertidumbres de la actual tecnología nuclear van a hacer que esta energía pierda peso en el mix energético mundial. Para un país como España tiene mucho más sentido hacer una apuesta estratégica con tecnologías que están a nuestro alcance y que pueden crear un tejido industrial muy competitivo.
-¿Considera factible que las renovables sustituyan el peso de la energía nuclear?
-Renunciar a los algo más de 7.000 megavatios nucleares es lo que aborda la prospectiva energética a 2030. No le puedo anticipar el resultado de un informe que estará disponible en pocos días. Pero sí es posible imaginar un futuro basado en las renovables. Tenemos un gran potencial no explotado de ahorro y eficiencia.
-El fenómeno 'Al Gore' podría explicar en parte el cambio de conciencia social.
-Es inevitable que se produzcan fuertes golpes de péndulo. Pero sin duda, Al Gore ha ayudado a que la conciencia global sobre el problema se haya desarrollado de forma tan rápida.





