Una de las grandes y diabólicas metas masónicas es erradicar a Dios de la vida pública por eso para los masones el enemigo a batir es siempre la Iglesia Católica a la que suelen presentar con todas las deformaciones posibles, negando su santidad y acentuando e inventando sus debilidades especialmente las de los sacerdotes y obispos. Los masones toleran todas las religiones, incluidos los cultos idolátricos a los astros, de ahí sus celebraciones paganas de los solsticios tanto de invierno como de verano, la única que no toleran es el cristianismo, por eso fomentan y amparan todo las obras literarias o cinematográficas que atentan contra la persona de Jesucristo, Dios y hombre verdadero, un ejemplo meridiano es el bodrio inmoral y ahistórico de Dan Brawn, el famoso Código da Vinci, una burla a la inteligencia y a la historia que los masones han aireado con total desfachatez e impunidad.
Pero donde los masones se revelan como lo que son y lo que pretenden realmente es en la educación, un medio para imponer a los niños y jóvenes su visión del hombre, del mundo y de Dios. Saben muy bien que sólo corrompiendo a niños y jóvenes pueden extender sus tentáculos para modelar la sociedad según sus ritos y creencias basados en el rechazo del Dios verdadero y en el culto al que Jesucristo llama el Príncipe de este Mundo, Satanás. Como tal objetivo último, no es bien visto por una parte importante de la sociedad, no osan defenderlo públicamente, sino que hablan de tolerancia, libertad, de derechos humanos, de igualdad de género y una retahila de tópicos que encubren sus verdaderas intenciones. El ejemplo más patente de lo que pretende la masonería es la asignatura llamada pomposamente Educación para la Ciudadanía, uno de cuyos principales ideólogos no es el diputado Mayoral, metido en todos los negocios educativos, sino un sacerdote secularizado Dionisio Llamazares, catedrático de Derecho Canónico, responsable de la formación de profesores y cerebro gris del laicismo intolerante, como es le que predica en Asturias el diputado Álvaro Cuesta, ese personaje mediocre, que cuando se le calienta la vena masónica lo primero que le ocurre es atacar pública y notoriamente a la Iglesia Católica con chantajes intolerantes y claramente masónicos: ley de la laicidad, denuncia de los acuerdos -no concordato- entre la Iglesia y Estado, ataque sistemático a la forma de financiación de la Iglesia y una largo etcétera de despropósitos intolerantes y sectarios a cada cual más masónico y reaccionario.
Fue en una tenida masónica celebrada en Canarias en donde se decidió por consejo de un conocido y público masón, entre otras cosas además de ministro de Educación en los tiempos de Glez, que la Educación Masónica para la Ciudadanía debería introducirse como fuera y en el menor tiempos posible en el sistema educativo LOE, como así ha sucedido.
La influencia de la masonería en España ha sido constante desde el siglo XVIII y se puede afirmar que no ha habida época desde entonces en donde la masonería no haya dejado su terrible y anticristiana influencia.





