
Víctor Blanco, actual jefe de estudios, ejerció de maestro de ceremonias y definió la figura de José Manuel Argüelles como la de una persona «entusiasta, trabajadora, activa y muy dinámica». Entre tanto, el aludido miraba de reojo a su esposa, que también trabaja en el centro. Junto a ella recogió el ramo de flores, la placa y el reloj que sus compañeros y amigos le regalaron como muestra de afecto.
Conservar la identidad
Argüelles se definió como educador aunque también estuvo al frente de la residencia de la Universidad Laboral durante 35 años. «En todo este tiempo nunca dejé de ser tutor y siempre tuve mayor afinidad por la Formación Profesional», recordó. En su despedida, hizo balance. «Fuimos pioneros en las reformas de las enseñanzas medias hasta que finalmente se incorporaron en la LOGSE. También fui testigo de los distintos planes de estudios, de la ley de 1970 y de las reformas educativas llevadas a cabo desde entonces hasta la actualidad», relató. «Cuando yo empecé, sólo había FP, Ingeniería Técnica y Empresariales. Entonces, los Jesuitas estaban al cargo de la Universidad», rememoró.
Además, Argüelles no se olvidó de subrayar lo importante que es, según él, que el mítico edificio gijonés no pierda su identidad a lo largo del tiempo, tras las diferentes reformas. Pero no las criticó porque «llegó un momento en el que La Laboral se quedó demasiado grande. Eran muchos miles de metros, el doble de los que mide El Escorial para una sola institución».
Argüelles reconoció que «echaré de menos estas piedras», refiriéndose a las del mítico edificio gijonés. Pero reconoció que mientras su mujer, Josefina Enjuanes, siga trabajando en la Laboral, no perderá tanto el contacto y llevará mejor la nostalgia.





