Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |

Opinión

AL AIRE
Brujesca (y II)

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
VIENE arrastrada desde ayer la transcripción de fragmentos de la última conferencia pronunciada por Sibila en la sede del NIDEA (Nuevo Instituto de Esoterismo Asturiano). Bajo el sugerente título de '¿Bruja, más que bruja!', la bruja del Natahoyo dijo cosas como éstas:

«Aunque la leyenda negra pudiera indicar lo contrario, lo cierto es que la abominable Inquisición llevó a la hoguera a muchas más brujas en Alemania que en España. Además, uno de los inquisidores más sanguinarios (que ya es decir) fue el teutón Jakob Sprenger, autor del libro titulado 'Martillo de las brujas', en el que aborda asuntos como el de los indicios y maneras de descubrir a las hechiceras, o el de las variadas penas y tormentos que habrían de aplicárseles, siendo un ardiente defensor de la hoguera. Uno de los indicios más razonables de los expuestos por el tal Sprenger es el llamado 'sello satánico', una señal en forma de sapo que Satanás en persona acostumbraba a grabar en los ojos de las brujas. Previene no obstante el inquisidor que no pocas de ellas llevan su hipocresía y maldad hasta el punto de disimular que llevan impreso tal signo distintivo. Añade que éstas son las más peligrosas y las que se merecen los mayores tormentos antes de ser conducidas a la hoguera purificadora».

«A principios del siglo XV corrió por Oviedo el rumor de que una xana milenaria que custodiaba un gran tesoro en una gruta del río Nora, se había fugado con el mismo y lo había ocultado en la catedral. Hacia allí se dirigieron doce hombres bien armados, a la cabeza de los cuales iba un sacerdote portador de un crucifijo. Irrumpieron en el recinto sagrado y, tras una breve búsqueda, encontraron a una anciana pordiosera que acostumbraba a pedir limosna a la puerta de la catedral:

-¿No fiaros de las apariencias!¿La muy taimada de la xana es una bruja que se ha transformado en esta vieja miserable! -gritó el cura mientras acercaba el crucifijo a la cara de la adormecida bidente (tenía un diente en cada encía).

Luego, los doce valientes sacaron en volandas los apenas cincuenta kilos de la infeliz, a la que arrojaron a la calle donde fue golpeada, descuartizada y quemada. La xana fue reducida a cenizas y de la vieja, curiosamente, nunca más se supo».

Vocento
SarenetRSS