
Nacho Orviz ha aprovechado los últimos días en Katmandú, desde que descendiera del campo base, para recuperar la forma física. La experiencia en el 'Dhaula' fue muy dura y exigente, pero el montañero ha borrado, en un tiempo récord, cualquier secuela visible y no visible de su cuerpo. «Los primeros días estaba bastante machacado y un poco débil porque siempre pierdes algo de masa muscular, pero ahora ya estoy comiendo muy bien y haciendo algo de ejercicio», explicaba Orviz.
La recuperación del gijonés ha sido asombrosa. Prueba de ello es que ha aprovechado los últimos días para ponerse a punto en el gimnasio del hotel. «Estoy entrenando bien, corro un poco, hago pesas y ejercicios para, en definitiva, poder recuperar el tono muscular», puntualizaba el montañero asturiano.
Él ha sido uno de los componentes de la expedición que ha regresado sin problemas del 'Dhaula'. Sano y salvo. Otros no han tenido tanta suerte, aunque sus secuelas no revistan mayor gravedad. En esa línea, Nacho Orviz reconocía ayer que «esto parece un hospital de campaña», y puntualizaba que «algunos están mejor que otros, pero en general no son cosas graves». La peor parte se le ha llevado una pareja argentina, que descendió del coloso nepalí con síntomas de congelación en los pies. «Uno ya se marchó para España y puede que le tengan que 'limar' un poco los dedos, pero espero que al final todo se quede en un susto», declaraba el gijonés.
Cena de despedida
El montañero asturiano se despidió ayer del resto de expedicionarios con una gran cena. La mayoría de ellos abandonan hoy Nepal y pondrán rumbo hacia sus hogares. Otros se embarcarán en una nueva aventura. «Algunos ya tienen un proyecto entre manos y otros nos marchamos a casa, por eso nos despedimos», señalaba.
España será la próxima parada. La lluvia casi monzónica y el calor tropical de Katmandú ya son historia.





