
Estambul Park es una inmensa mole de hormigón y colores en medio de un paraje desértico, en el sector asiático de Turquía camino de Ankara y de Irán. Su propiedad corresponde a Bernie Ecclestone, que invirtió en esta parte del planeta y cuya construcción encargó a su arquitecto de cámara, el austriaco Hermann Tilke. El pasado lunes, y por orden de Nick Fry (el Flavio Briatore de Honda), los responsables del circuito impidieron el paso a los empleados de Super Aguri que iban a montar sus tenderetes.
La GPDA es la asociación de pilotos de Fórmula-1. Un sindicato de multimillonarios que pelea porque todos los circuitos imiten la seguridad de Montmeló, que, con su doble barrera de neumáticos, salvó la vida a Heikki Kovalainen hace dos semanas en el espeluznante accidente del finlandés. Pedro de la Rosa es el presidente de este grupo que este fin de semana ha perdido a tres miembros más, los dos pilotos de Super Aguri más Felipe Massa. En la GPDA no están Raikkonen, Hamilton y Massa, que es como decir que Raúl, Fernando Torres y Casillas se desgajan de una asociación de futbolistas.
Son las contradicciones de este decorado de cartón piedra. Un propietario que agradece el hueco para más trailers y un sindicato partido en dos.
Salto o saltito
«Los viernes son un cachondeo», dijo Alonso por otro motivo: las cargas de gasolina con la que ruedan los coches y que desactiva la tabla de tiempos. El asturiano fue sexto ayer, en lo que pretende se convierta en otro salto de Renault hacia los primeros puestos del escalafón. Salto o saltito, según la terminología al uso de Flavio Briatore.
Los progresos experimentados por el R28 en Montmeló sirvieron para incentivar la motivación de la escudería y del propio Fernando, que se marchó de España «con muchas ganas de correr en Turquía». Sin embargo ayer, la realidad decretó el receso en la abundancia. El asturiano volvió a su lugar natural de 2008, por detrás de los Ferrari, los McLaren y el BMW de Kubica.
«Tengo más o menos las mismas sensaciones con el coche que en Barcelona -declaró el piloto-. El coche es mejor que en las tres primeras carreras y estamos en el camino. Pero necesitamos acabar las carreras... Espero repetir el rendimiento de Montmeló, aunque será difícil sin el público. Creo que lo máximo que podemos esperar es ser cuartos o quintos».
Inalcanzable Ferrari, sobre todo el finlandés Kimi Raikkonen -que amenaza con convertir el Mundial 2008 en un desfile rojo-, lejos todavía McLaren, Alonso considera que su Renault es el séptimo coche de la parrilla. Se le pidió un pronóstico ayer, en una de las cincuenta ruedas de prensa que ofrece en varios idiomas: «Yo debería ser séptimo en una carrera normal, sin incidentes, séptimo en el Mundial de pilotos y Renault, cuarto en el de constructores». ENVIADO ESPECIAL





