
El certamen «se celebrará esta vez en Poniente con carácter excepcional. Esa era su preocupación fundamental y ya se la hemos despejado», insistió. Confía así en que desistan en su intención de sumergirse en procesos judiciales. Y, para evitar desconfianzas, confirmó que «su emplazamiento definitivo será en Viesques». Aunque aún queda mucho trabajo por delante.
«Estamos negociando la ocupación del suelo», dijo. Y, aunque habrá que esperar a que las partes -Consistorio, Principado y Universidad- se pongan de acuerdo, Sariego reconoció que «paralelamente, ya estamos viendo los terrenos para ordenar en un futuro el suelo». Cuando todo esté bien claro y con el beneplácito del nuevo rector, Vicente Gotor, «comenzaremos ya con los proyectos de la obra en Viesques».
Pero, de momento, lo que más interesa a los ciudadanos es la presente edición, que arrancará el 11 de julio. Y las valoraciones de su director, Paco Ignacio Taibo II, no pueden ser más claras: «Fue una decisión dura, pero o se hacía en Poniente o no se hacía». Porque el resto de las opciones, como llevarla a otra ciudad, «ni siquiera me las planteé. La Semana Negra nació en Gijón y morirá en Gijón, aunque muchos lugares estarían interesados en tenerla».
Taibo y Sariego confían en que el certamen sea «tan potente e interesante» como lo ha sido los últimos 20 años y que su organización «sea aún mejor». El director ya adelantó que «45 escritores han confirmado su asistencia y otros 70 están apalabrados».
Habrá novedades. La primera, una «carpa dedicada a audiovisuales». Seguida por la reproducción en miniatura de una batalla de Carlo Magno, con sus 8.000 respectivos soldados de plomo. Se regalarán más libros y también, avanzó el director, «puede que haya cambios en el Tren Negro, que cada año trae a los invitados de Madrid».
Todo, para afrontar con «ilusión» un nuevo emplazamiento al que, en vez de con problemas, ve con romanticismo. «Resolvimos la situación con un mínimo de impacto negativo. Es completamente necesario ocupar la playa, aunque sólo tomaremos un 10% de su superficie», apuntó. Y no pudo negar que «lo de tener el chiringuito a pie de playa, como en Río de Janeiro, me atrae bastante».
Además, considera positiva la nueva ubicación, ya que garantiza muchas salidas peatonales, que servirán de «desahogo» para la aglomeración de personas. A este respecto, aseguró que existe un «complicado, pero estudiado» plan de seguridad.
No niega la dificultad logística. «Es complicado, porque la zona del Molinón la teníamos más que controlada: el agua, los desagües, la electricidad... y ahora es todo nuevo», pero le puede su firme intención de «crear una pequeña ciudad, que cada año se levanta para morir en diez días».
Pero este año la pequeña ciudad será muy distinta. Habrá menos sitio para la noria, el saltamontes, los locales y los puestos de venta ambulante y más para los libros. El carácter literario del festival, a pesar de la reducción de espacio, es innegociable. Aunque, eso sí, el encanto de la Semana Negra está en la combinación «atípica» que ha conseguido entre «cultura y elementos festivos». Eliminar estos últimos por completo, sentenció, Taibo, «sería matarla».





