Por ahora no se observan grandes diferencias entre la verborrea del nuevo presidente ruso, Dmitri Medvédev, y la de su predecesor, Vladímir Putin. Ambos continúan siendo uña y carne, y juntos presenciaron ayer en la Plaza Roja de Moscú el gran desfile conmemorativo del 63º aniversario de la victoria rusa sobre la Alemania nazi en el final de la Segunda Guerra Mundial.
Como en los tiempos soviéticos, tampoco faltaron las críticas a Occidente e incluso las amenazas soterradas. El encargado de proferirlas fue Medvédev. En alusión a Kosovo, el primer mandatario ruso advirtió que «debía tomarse muy en serio los intentos de injerencia en los asuntos internos de otros países y, más aún, las tentativas de revisar sus fronteras».