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Sin protocolo de alfombra
Las nuevas formas de organizar eventos buscan reforzar la creatividad con menos costes

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Sin protocolo de alfombra
ACTO. Fuente preside la Escuela Internacional de Protocolo/J. D.
Cuál es la finalidad de ofrecer un puro después de un banquete de boda. Por qué, en lugar de motivar, las cenas de empresa aburren. Se organizan eventos sociales para que redunden en algún tipo de beneficio, pero hacerlo de forma incorrecta puede producir el efecto contrario. El Auditorio acoge desde ayer las 'I Jornadas de Protocolo' con el objetivo de desentrañar las nuevas formas de organizar eventos sin caer en tópicos y ofreciendo alternativas al mejor coste. Para empezar, afirma Carlos Fuente, presidente de la Escuela Internacional de Protocolo, organizadora del congreso, hay que huir del «protocolo de alfombra»: lo exagerado crea rechazo.

Usted tiene una empresa y pretende organizar una reunión de incentivos. «Lo que no puede es aburrir a los empleados», explica Fuente. En este tipo de actos, las empresas de protocolo deben trabajar para lograr la «interactividad» entre el personal. ¿Cómo? Por ejemplo, con una 'Noche en vela'. «Ésta es una apuesta que hizo una gran empresa del sector de la energía». El evento consistió en un espectáculo de televisión donde los participantes realizaron coreografías, cantaron y pasaron por unos concursos de preguntas «como si estuvieran en la 'tele', pero sin emitirlo luego». El decorado tuvo un papel fundamental para que la gente se soltara. Jugando con luces y sombras, la organización consiguió crear un escenario parecido al plató de televisión sin realizar una gran inversión, y el resultado fue muy satisfactorio. Este tipo de actos sirven para visualizar problemas que los empleados no son capaces de transmitir y para premiar a los trabajadores sin caer en los tradicionales y poco prácticos regalos de empresas.

En el caso de eventos internacionales, como la organización de los Premios Príncipe de Asturias, el truco está en fomentar «un trato personalizado exquisito». Cuando el marco, como el teatro Campoamor, es «bonito pero clásico» el reto no está en innovar sino en conseguir que los invitados y asistentes se encuentren a gusto: «Que se les ponga la piel de gallina», describe Fuente, sin caer en un protocolo muy solemne.

También puede aplicarse al ámbito privado. Una persona se casa y resulta que es quien más se aburre durante la cena. La tradición de colocar a los novios en una mesa con la familia no permite a los anfitriones disfrutar como los demás. «¿Por qué no ponerlos junto a los amigos? Muchas veces se quedan mirando qué bien se lo está pasando el resto». ¿Y qué pasa con los regalos? «Te casas y te regala tu hermano una losita de recuerdo, ¿para qué te vale?», pregunta Fuente. Estos añadidos incrementa el gasto sin aportar mucho. Pensar en el invitado debería ser el trabajo de la empresa contratada para un día tan señalado.

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