«Sé lo que hago», aseguró en un nuevo intento de transmitir tranquilidad al PP, como viene haciendo en sus últimas intervenciones a la vista de que la bronca interna crece cada día. Se dirigió también a votantes y simpatizantes populares para dar la sensación de que mantiene la organización bajo control, aunque nadie sepa cuáles son sus intenciones sobre el proyecto o el equipo directivo con el que se presentará a la reelección en el congreso de junio. Insistió en que sus soluciones a la conflictiva situación actual estarán inspiradas en «la sensatez» y la «responsabilidad».
Para acallar las voces de quienes se quejan de parálisis del partido y ausencia de una política de oposición eficaz, Rajoy dedicó buena parte de su discurso a criticar las decisiones gubernamentales. Confesó que tiene «malas sensaciones» sobre la actuación de los socialistas y expresó su temor de que el Gobierno «vuelva a las andadas» y olvide las prioridades del país frente a debates «inútiles» como la laicidad del Estado o la reforma de la Constitución.
Sólo al final de su discurso, dedicó unas palabras a la situación interna del partido y se presentó como un genuino dirigente de larga trayectoria en la organización, donde ha pasado por todos los escalones.





