
Anunció, al estilo de Allen, que había prohibido hablar a sus actores de la trama porque le gustaría que el espectador se acercara a ver su película sin conocer nada. Y predicó con el ejemplo. «Aunque el público siempre se lleva sorpresas, no quiero desvelar muchas cosas para que disfrute más», comentó el universal director y guionista, que sólo confirmó lo que ya había anunciado a finales del año pasado. Es decir, que 'Los abrazos rotos' participa de varios géneros, que se desarrolla en dos épocas -mediados de los 90 y en la actualidad- y sus cuatro protagonistas, encarnados por Lluís Homar, Penélope Cruz, Blanca Portillo y José Luis Gómez y ayer acompañándole en la presentación, se mueven en el mundo de los negocios y del cine, que está más de telón de fondo.
Ante la insistencia de los más de 200 periodistas acreditados, el autor de la oscarizada 'Volver' adelantó que era una historia «muy novelesca. El guión en estos momentos tiene 190 páginas». Es una celebración de la ficción porque a los personajes -de los que tampoco desveló los nombres- les pasan muchas cosas, sufren mucho, hacen muchas barbaridades y también heroicidades», explicó.
Por lo que se escuchó, 'Los abrazos rotos', que el próximo 26 de mayo iniciará su rodaje en Lanzarote, donde estarán tres semanas, y después viajarán a Madrid, es, fundamentalmente una gran historia de amor 'fou' -loco- entre los personajes que interpretarán Homar, Cruz, Portillo y Gómez. «En la época de los noventa predomina el drama, hay una parte de thriller y elementos de comedia. Es un drama con tintes muy negros», aclaró, explicando también que es su filme más «largo y caro» -hay ochenta secuencias más que en 'Volver' y tiene el triple de decorados, muchos de ellos los han tenido que construir-.
La aventura de rodar
A pesar de su experiencia, Almodóvar, que cada vez que da la primera vuelta de manivela cae enfermo, confesó que no tenía ninguna seguridad de que este proyecto saliera bien. «Mi medida para hacer las cosas es el nivel de excitación que tengo. Ahora estoy muy excitado con este trabajo distinto en el que tengo a viejas conocidas. Rossy de Palma, Ángela Molina y Kitti Manver hacen papeles breves, «pero sustanciosos».
«Rodar es una aventura que entraña peligros y sorpresas apasionantes», dijo más tarde, añadiendo «para mi no es un trabajo, sino una actividad adictiva, no puedo estar más de un año sin filmar».
En la playa del Golfo de Lanzarote, donde hace nueve años vio en la arena negra a una pareja que le inquietó y sobre la que quiso fabular y descubrir su secreto, encontró la génesis de esta producción con la que su creador quiere «emocionar». Para ello cuenta con el trabajo de unos actores con los que lleva ensayando cuatro meses, la música de Alberto Iglesias «que se ha superado a si mismo», la fotografía de Rodrigo Prieto, «que se maneja muy bien en la oscuridad y aquí hay escenas en superficies absolutamente oscuras»; y un equilibrio entre los personajes femenino y masculinos. Estos últimos están, dice, «más destilados, son más ricos. No son símbolos como en 'Volver', son de carne y hueso».
Una vez más, Almodóvar ejerció de maestro de ceremonias y dio paso a sus actores, a los que, después de describir sus papeles, animó a qué dijeran algo.
Así, en la que es su cuarta colaboración con Penélope Cruz le ha dado el rol de una actriz que no pasa por el mejor momento de su vida. Para meterse en el papel de esta aspirante a intérprete espectacular de origen rural, el cineasta le ha colocado una peluca blanca platino corta y con mucho volumen «que le da un aspecto artificial», dijo el director.
Penélope, que no sólo está disponible para Almodóvar, sino que es su prioridad, reiteró lo feliz que le hacía trabajar con su buen amigo, que en esta ocasión le ha preparado varias escenas en las que tiene que hacer de mala actriz. «Es muy difícil hacer a propósito una escena mal sin pasarse. Hay que ser muy sutil», apostilló una impecable Cruz enfundada en un Chanel vintage azul.
Tras la experiencia de 'La mala educación', Almodóvar ha vuelto a confiar también en Lluís Homar, que lleva el peso de 'Los abrazos rotos', donde se mete en la piel de un guionista que se queda ciego. Homar, que lleva meses conviviendo con invidentes, dijo estar en deuda con el cineasta «porque me ha hecho sentirme mejor persona al haber conocido a personas que no pueden ver», expresó.





