
LOS DATOS
Para denunciarlo, la Asociación de Vecinos programó ayer una concentración. Días después de anunciarlo, el edil de Urbanismo, Alberto Mortera, aseguró que los topógrafos ya estaban en la zona y que las máquinas empezarían en breve. Ayer por la mañana ya estaban desbrozando en terreno, pero los vecinos no desconvocaron su protesta.
«Es que, tras las mentiras de Mortera, ya no nos creemos nada, esto es sólo una cortina de humo», acusaba Adolfo Figares, presidente del colectivo vecinal. «Han puesto un cartel anunciando el inicio de las obras, pero no se sabe ni quiénes son los promotores, ni cuánto cuesta, ni cuándo acabarán», lamentaba.
Ayer, megáfono en mano y ante cerca de 400 vecinos, denunciaba que la presencia de las máquinas «son una cortina de humo para dividirnos». Figares está persuadido de que, ahora que la asociación se moviliza tras dos años y medio de paciencia, «intentan neutralizarnos y desprestigiarnos». A esa campaña atribuye «los rumores de que íbamos a cortar la carretera, cuando siempre hemos sido pacíficos».
La prueba estaba ayer en una mano que sostenían la pancarta: la de Ana María Boullosa. A la mujer le faltan las piernas y un brazo desde que nació. Todos los días debe ir en taxi a Las Campas para hacerse curas. «Son 12 euros cada vez, un pastón», resumía.
Historias como ésta mueven a la asociación a mantener que «seguiremos concentrándonos todas todas las semanas hasta que veamos que efectivamente empiezan las obras», remacha Figares.
La próxima será en La Florida, barrio que ayer apoyó la concentración con su presidente vecinal, Emilio Pena. «Nos solidarizamos porque, a finales de año, la mitad de nosotros tendremos aquí en Las Campas el ambulatorio», explicaba.
No se gritaron eslóganes, pero por lo bajo, una señora repetía «por favor» como si fuera una oración. Era Josefa Menéndez. «Esto es como para ponerle a los del Ayuntamiento una mecha en un sitio que no diré por educación».





