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Cultura

DANI MARTÍN MÚSICO Y ACTOR EL CONCIERTO

«Todo ese rollo de admiración hacia mí sólo me produce más inseguridad», confiesa el líder de El Canto del Loco, que el viernes actúa en Gijón

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«En este país la palabra éxito conlleva un sinfín de prejuicios»
Dani Martín, de madre asturiana y con orígenes en Tineo, es el líder de El Canto del Loco. / JOSÉ RAMÓN LADRA
Son las dos y media de la tarde, acaba de atravesar el umbral de su casa en Madrid y tiene que hacerse la comida, «como todo el mundo». Pero no tiene prisa. No pone trabas ni tiempos a la entrevista. Ni una sola pega, ni un solo gesto de cansancio y ni asomo de esa desidia que acompaña al artista en promoción harto de hablar de sí mismo. Bajo el aspecto chulesco, oculta Dani Martín la piel de un cordero que se crece en escena. El viernes estará en Gijón con El Canto del Loco y en septiembre (sábado 13, en las pistas de San Lázaro, 30 euros), en Oviedo.
-Nada de música. Hablamos de fútbol. En su último concierto en Gijón se puso la camiseta del Sporting en recuerdo a su abuelo Manolo, un rojiblanco de pro. Doy por hecho que ha celebrado el ascenso.
-Por supuesto, y además Juanma Castaño, de Cuatro, que es muy amigo mío, nos ha hecho vivir el ascenso del Sporting con intensidad.
-¿Lo celebrará en el escenario?
-Por supuesto que sí.
-Fútbol y música mueven masas. ¿Encuentra más relaciones?
-El espectáculo y la ilusión que generan un concierto y un partido de fútbol tienen mucho que ver... Lo que pasa es que esta semana, viendo a todo el mundo en la calle, me dio por pensar si ante el triunfo de un hijo los padres se vuelcan tanto como con el fútbol. Es algo que sinceramente no entiendo. No lo digiero. Me sorprende que la gente pueda alegrarse tanto, tanto...
-Pues en el ámbito musical usted es un destinatario de ese tanto, tanto, tanto... Le recuerdo que sus fans pasan noches sin dormir para estar en primera fila.
-Sí, y yo lo he hecho también. De hecho, mira, en El Molinón, viendo a los Rolling Stones y los Black Crowes, pero no iba más allá de querer pasármelo bien, no llegaba al fanatismo. Y es que a mí los fanatismos me dan mucho miedo, porque creo que eso es sólo un momento por el que pasa un ser humano pero luego su vida se llena, se equilibra. Por eso siempre digo que prefiero el fan que es agradecido, respetuoso, que no grita, y que disfruta de la música.
-Pero sin embargo la mayoría de los suyos no son así.
-Nosotros tenemos fans que llevan diez años siguiéndonos por todos los lados, que los conocemos, y luego cada año se van incorporando nuevas generaciones, de 14 o 15 años, pero el fan que compra todo de El Canto del Loco ya ronda los 25.
-Vamos con 'Personas'. Lo presentan en su web como su álbum con más corazón, más explícito, más valiente y como un punto de inflexión. Explíqueme todo eso.
-Eso lo escribe el crítico que hace las notas de la discográfica y es lo que le ha producido a él, pero para mí no es más que lo que sentía en ese momento, es una forma de reconocer todos los miedos que afloran a un ser humano, en este caso a mí, y la manera de convivir con ellos a diario y enfrentar la vida. Es duro, es difícil, es dañino, pero es la vida, hay que estar, hay que sufrir, hay que disfrutar y hay que pensar siempre que hay gente que está peor que nosotros. En España somos unos afortunados, de repente te vas a países en los que abrir un grifo es una utopía. A veces centramos el protagonismo en estupideces, cuando lo importante reside en otra serie de cosas, como la falta de cariño. Es lo que decía antes, hay mogollón de padres que no son capaces de sentarse con su hija y preguntarle 'qué te pasa', 'cómo te va la vida', y luego ves a un señor en la tele que se ha ido a Viena diez días. No sé...
-Lo que decía antes, los fanatismos no son buenos ni en el fútbol ni en la música ni en la religión.
-Para nada. A mí a veces se me acerca una madre por la calle y me dice que yo soy el ídolo de su hijo y yo siempre le digo 'pues no hay que tener ídolos, porque luego a lo mejor nos conocéis un poco más y se os cae el ídolo'. Yo soy una persona normal y corriente, que a lo mejor hago muchísimas cosas mal, todo ese rollo de admiración y de tal me produce más inseguridad a mí todavía.
-Vaya, parece que no lo lleva bien.
-Qué va, lo llevo estupendamente, lo llevo que te cagas; lo único que hay que hacer es ser sincero con la gente, hay que hacerles ver que todos hacemos pis, vomitamos, nos ponemos malos, nos hacemos la comida... No nos han programado para ser perfectos. Pero sí que lo llevo bien, yo voy por la calle, soy cordial, un día pensé que es más bonito eso que estar cabreado.
«Persona primaria»
-¿Este punto de inflexión que dice el crítico de su web en la carrera de El Canto del Loco existe?
-Si eres un ser humano que intenta avanzar y te rodeas de gente que merece la pena, cada disco que vayas sacando a medida que vas cumpliendo años va siendo más maduro. Vas pasando de pantalla. ¿Punto de inflexión? Bueno, llevábamos nueve años haciendo conciertos y de repente haber estado dos añitos habitando tu casa, creando tu espacio... Pero tampoco me parece que sea un disco escrito por un filósofo, está escrito por mí que soy la persona más primaria y más normal del mundo.
-Decía hace unos años en una entrevista en este periódico que estaba harto de etiquetas erróneas: grupo de pijos, sonido ochentero... ¿Se han quitado ya esas etiquetas?
-Es difícil. En este país la palabra éxito conlleva un sinfín de prejuicios. Lo que hemos conseguido es que no nos afecten.
-Decía entonces que buscaban sonar a El Canto del Loco, tener un sonido claramente reconocible. ¿Prueba superada?
-Absolutamente. Las guitarras de David son inconfundibles y dicen algunas personas que la unión de esas guitarras y mi voz hacen que El Canto suene a El Canto.
-¿Antes y ahora son una banda de directo?
-Sí, pero estamos haciendo una gira con conciertos sólo los fines de semana, para disfrutar realmente y no hacer más de tres seguidos. Es una gira para disfrutar de la música y no sentirte un funcionario. De esta forma, cada noche te apetece tocar.
-¿Qué tiene esta gira que no tuvieran las anteriores?
-Llevamos un montaje espectacular, con más de 250 móviles en el escenario, una pantalla de veinte metros en el fondo, otras dos en los laterales...
-El otro día le vimos en el Rock in Rio. ¿Impresiona el escenario?
-No, a mí lo que me acojona es el público cuando no sé moverlo, el escenario da igual que sea grande o pequeño.
-Se les ha ido el batería. ¿Echan de menos a Jandro?
-Claro. A mí me ha dado una lección. Ha dicho algo así como ' yo podría quedarme aquí llevándome pasta, sin aportar el cien por cien, pero creo que mi vida tiene más sentido en otro lugar'.
-Dejamos la música. También frecuenta la interpretación. ¿Qué tiene por ahí en cartera?
-Tengo un proyecto de teatro para el año que viene: me encantaría producir una obra haciendo lo que me dé la gana con un amigo mío. Quiero escribir una idea que tengo en la cabeza, una comedia. La gente que me conoce siempre dice que lo que mejor se me da es la comedia, soy una persona con mogollón de sentido del humor, graciosete, pero siempre me han dado papeles de chulete, así que quiero darme esa oportunidad.
-¿Y en cine?
-La Juani II, pero no sé fechas.
-Por cierto, ¿es cierto eso de que quiere quitarse todos los tatuajes? Ya se ha borrado el de Niñato.
-Sí, me los quería quitar, ahora los veo como una rebeldía de la adolescencia. Es que he tenido una adolescencia muy alargada.

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