A una persona como yo, de izquierdas y con arraigadas convicciones republicanas, le resulta especialmente gratificante expresar su reconocimiento al papel desempeñado en la restauración democrática de España a dos personas que fueron piezas clave en la transición: a un Rey y a un Político (sí, con mayúscula) de derechas. Me estoy refiriendo, es obvio, a don Juan Carlos de Borbón y a don Adolfo Suárez.
La imagen de estas dos personas enlazadas por el mutuo aprecio que se procesan, de espaldas a la cámara y caminando distendidamente hacia ninguna parte, tiene una carga simbólica de excepcional valor. Mi enhorabuena por tanto al autor de la fotografía, que parece haber sido el propio hijo del ex presidente Suárez.
En unas fechas ya algo lejanas, allá por las postrimerías del año 1975, ambos personajes se enfrentaron, por una parte, con sus respectivos pasados personales, fuertemente vinculados a un régimen denostado, y, por otra, con la demanda mayoritaria de un pueblo que exigía un futuro que rompiese las cadenas forjadas por la dictadura durante ese mismo pasado y ofreciese esperanzas a un país donde las libertades colectivas e individuales fuesen plenamente implantadas.
Del cómo se llevó a cabo aquella transición se ha escrito, hablado y debatido hasta el hartazgo, por lo que no voy a comentar nada relacionado con las vicisitudes de aquella época. Mi única pretensión es la de enfatizar el sacrificio personal de estas dos figuras de nuestra historia. Quizás, el margen de actuación del Rey y del presidente del Gobierno era tan mínimo como máxima era el hambre de cambio en la sociedad española de la época.
Pero de una cosa no me cabe la menor duda, ambos realizaron a la perfección el papel que les tocó representar en el escenario de la historia reciente de este país, con la complicidad de los ciudadanos, de la mejor manera posible, y con una gran generosidad personal que hay que agradecerles sin cicaterías. Por todo lo anterior, la ya famosa foto de ambas personalidades políticas, simboliza la satisfacción de la difícil tarea realizada en el pasado y el convencimiento de que supieron poner los medios adecuados para enfrentar el futuro con seguridad y esperanza. Al pasado, tanto el que vivieron en la primera mitad de sus existencias, como el que ellos ayudaron a transformar desde sus privilegiadas posiciones de poder, a un pasado y al otro le dan descaradamente la espalda y pasean juntos y confiados hacia un futuro que, como la zona boscosa de la imagen, ofrece todas las posibilidades abiertas, aunque a ellos ahora sólo les resta contemplar cómo son otros los que deberán explotarlas de la mejor forma, como ellos supieron hacerlo, en beneficio del país y de sus ciudadanos.
Gracias, pues, a ambos de un republicano de izquierdas.