Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |

Portada

OPINIÓN CARTAS

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
Se va completando el círculo. El trabajador que salga de su oficina a las diez de la noche puede comenzar a vivir mucho mejor.
Ya no tiene que preocuparse de no poder comprar una estantería porque lo podrá hacer en Ikea... Que respire aliviado por si de repente necesita unas pesas o un accesorio para la bicicleta, porque Decathlon también abre hasta una hora antes de medianoche. Por si acaso no ha comprado pan, puede comprarlo casi de ayer en cualquier establecimiento de Carrefour. ¿Familia?... ¿Qué es eso?
Es gratificante ver cómo se está facilitando la vida de los trabajadores en cuyas empresas hay un problema de productividad que les lleva a completar jornadas de doce horas mal gestionadas. Siendo este nivel de competitividad tan pésimo uno de los síntomas de debilidad estructural de nuestra economía.
Mientras, en Europa se adoptan políticas que hacen cumplir estrictamente el horario y aumentan la productividad para acabar con los 'mareaperdices', aquí estamos fomentando como solución a la crisis unas medidas neoliberales que fomentan que ni los que trabajan hasta las once de la noche en los comercios ni los que salen a las diez de la oficina sean un ejemplo de la verdadera solución.
Dicen los defensores de la liberalización de horarios comerciales que fomentan la creación de empleo.
A este paso, habrá empresas que lean los cuentos para dormir a los niños cuyos progenitores no pueden hacerlo. Al tiempo.

Vocento
SarenetRSS