Pero no sólo hubo premios folclóricos. También los hubo para los cosecheros. Una faba debe ser de piel blanca y brillante; no debe estar húmeda, pero tampoco demasiado seca; la limpieza debe primar en su forma, estando exenta de algún tipo de manchas producidas por hongos; su tamaño será de 24 o 25 milímetros y su forma ha de ser arriñonada uniforme. Son las bases para optar al premio de la mejor faba de la granja. Y Ubaldina Otera, vecina de Luces, los cumplió todos y se alzó con el galardón. En el otro premio, el del mejor lote, que, finalmente se llevo Álvaro Valle, de Colunga, también había condiciones: el número y las distintas variedades presentadas, así como su calidad global. Aunque también se tiene en cuenta el valor comercial, el que contribuye a incrementar las rentas de las familias del concejo, al menos así lo aseguraba Miguel Ángel Fuello, ex investigador del SERIDA, miembro del jurado que entregaba los galardones.
Paisanos del año
Y, un año más, también hubo premio para los paisanos del año. Narcelina Gancedo y Rogelio Pardo fueron los galardonados en esta edición. Ambos recogían el reconocimiento de su labor profesional y tradicional de manos del Ayuntamiento colungués. Ella, de Carrandi, por su dedicación a las labores del campo, y por ser, entre otras muchísimas cosas, la tradicional ganadora del concurso de boroña que cada año se celebra en la villa. Él, de Libardón, por ser uno de los mejores tallistas artesanos de la madera y por seguir en la brecha con la misma ilusión con la que empezó.
La de ayer fue también una jornada de hermanamiento, y Colunga lo hizo con el Ayuntamiento de Ribadedeva. El alcalde, Alejandro Reimóndez acudió a la villa para agradecer el gesto de los colungueses.





