Como es habitual, esa sidra de 2007 entrará poco a poco en el mercado. En los primeros momentos, a partir de la primavera, se solapará con las últimas botellas de 2006 para que los consumidores no perciban un cambio muy brusco del sabor y hacia principios del verano será ya el producto habitual que servirán los hosteleros. Gracias a su elevado contenido en azúcar, la cosecha será una de las de mayor calidad de los últimos tiempos. «Ha salido tan bien, que la recogida, que últimamente tenía que adelantarse quince días o incluso un mes, se ha retrasado hasta las fechas que siempre deberían ser las normales». A principios de diciembre, aún quedaban manzanas por recoger en algunas fincas de las zonas productoras.
Osoro se alegra de la subida generalizada de la calidad, pero señala que favorecerá la implantación de la sidra con denominación de origen. «Su cuota se está incrementando, y eso es bueno por varios motivos. Es una gran señal para el sector, aporta diversidad a la oferta y demuestra que los consumidores responden a las novedades. Cada vez tiene más presencia, puede decirse que se ha asentado», dice.





