
PRIMEROS PASOS
Hay una manera de cambiar de vida y la Unión Europea está dispuesta a pagársela. En noviembre de 2006, los políticos se reunieron en Bruselas para aprobar que 885 millones de dinero público se destinen a promover «un marco legal que favorezca actividades educativas no formales de los jóvenes». La frase significa que en la capital belga las cosas ya no se dicen en francés: todo se cuenta en lenguaje burocrático. Pero un buen diccionario explicaría que, detrás de los 'palabros', hay un programa, como el Servicio de Voluntariado Europeo (SVE), que está permitiendo a miles de menores de 30 años marcharse a vivir a otras partes del continente con todos los gastos pagados.
La idea básica es «aprender ayudando o ayudar aprendiendo». Para darle forma, una red de asociaciones y colectivos desde España a Finlandia están estrechando lazos a base de ayudas europeas. Ellos son los actores principales del SVE. Su papel es reclutar jóvenes dispuestos a realizar un voluntariado en otro país de la Unión Europea y ayudarle con el papeleo.
Al final ese esfuerzo se traduce en que un chico toledano puede acercarse a una ONG de su provincia y, tras un mes de papeleo, preparar las maletas: en unas semanas podrá vivir en Serbia, explicando en las escuelas cómo es la vida en España.
La cadena de voluntarios está funcionando desde Cádiz a Copenhague, «pero no hay mucha gente de Oviedo, la verdad», explican en el Instituto de la Juventud. Este organismo y el Conseyu de la Mocedá de Gijón son los principales mediadores para subirse al tren del SVE desde Asturias, pero sus registros resultan elocuentes: un repaso a los trámites gestionados en el 2007 desvela que el instituto no recibió petición alguna de jóvenes de la ciudad.
A la hora de apuntar causas, desde las asociaciones surge un reguero de motivos. Hay quien cree que el proceso está demasiado burocratizado, pero lo cierto es que los trámites son iguales en Oviedo que en París. De hecho, el actual SVE está enmarcado en las iniciativas europeas 'Juventud en Acción', que recogieron anteriores iniciativas para «aligerarlas de los trámites para que sean más ágiles», según rezan los documentos del Parlamento Europeo.
Otras voces comentan que «en la ciudad hay muy pocas asociaciones acreditadas ante la Unión Europea para realizar las gestiones». Hasta hace un mes, sólo seis colectivos estaban autorizados en toda Asturias para participar en el SVE, y de ellos, solo el Conseyu de la Mocedá tenía sede en Oviedo. En las últimas semanas esa lista se ha agrandado con la incorporación de las agrupaciones Mujeres Jóvenes y Jóvenes por la Ecología de Asturias.
Atrevimiento
«En el fondo, el problema es que la gente no se cree que pueda existir algo así», sentencia Carolina Santos. Tiene argumentos para ello: hace cuatro años se lanzó al SVE que por entonces funcionaba, y acabó en Rumanía. Desde que volvió de la experiencia, intenta 'engañar' a todo amigo que se le cruce para que aproveche esta modalidad de voluntariado. «Cuando se convencen de que es posible, siempre dicen que es que ese año les viene mal, que prefieren hacer otra cosa, pero todo son excusas», explica Santos.
Al final, la cosa queda reducida a una cuestión de valor, que no lo es tanto. Según Carolina, «los miedos se van enseguida, porque cuando llegas al país extranjero, vas muy de la mano, te ayudan mucho». A ello ayuda que «nunca te dan responsabilidades de profesional, estás ahí para ayudar a los que saben y aprender de ellos».
Hablar con ella es ir sumando motivos para una aventura que tiene mucho de mirarse en el espejo del extranjero. Según cuenta, viajar así es enterarse de «cómo es el país en verdad». Y ahí surgen las sorpresas porque «Rumanía resulta que es igual al Lugones de mi infancia».





