
«No pueden decir que no sabían lo que estaba pasando, porque la última tala se hizo en presencia de un representante de la consejería», acusa el presidente de la asociación, Ignacio Abello. «Hablamos con el director general, José Félix García Gaona, y nos dijo que ellos no eran los responsables del trasplante, pese a que lo habían autorizado, y que envíaban a sus técnicos para comprobar que todo se hacía correctamente y abrir un expediente en el caso contrario», completa.
No aceptan excusas porque con esto «abren una puerta por la que nos van a colar muchas otras actuaciones similares. Es un punto de inflexión».
Dos de los árboles trasplantados ya han muerto y otros dos «llevan el mismo camino. Ninguna especie habría sobrevivido a semejante trasplante y menos una tan delicada como el tejo. Pueden aguantar vivos unos meses, pero nada más. Muchos de los que quedan no tienen ninguna posibilidad».
Los vecinos están muy afectados: «La gente del pueblo se siente casi como si les hubiesen arrancado a un familiar, porque tenían con ellos una relación afectiva. Llevaban viéndolos toda la vida». Tanto es así que muchos asistieron al «entierro» de los «Tejos de Benito», incluso su dueño, quien trató de convencer a los técnicos hasta el último momento de que bastaba con variar el eje del trazado 90 centímetros.
Para ellos, casi todo se ha hecho mal. Empezando por la Consejería de Infraestructuras, que decidió el trazado de la nueva carretera. «Lo lógico era hacerla por fuera del pueblo y no dividir en dos, con una gran zanja, un lugar que es en sí mismo un patrimonio etnográfico de incalculable valor», concluyen.





