La anécdota da una idea de su espíritu filantrópico. Ahora, su hija adoptiva donará a la comunidad israelita asturiana la biblioteca personal de este hombre, cuya familia se volcó en la rehabilitación de las sinagogas del Tránsito, en Toledo, y Córdoba. Luchó por el pasado judío y sefardí y por la dignidad de las personas, no importaba su creencia. «Procuró la comunicación armoniosa entre todas las religiones», explicó la presidenta de la comunidad, Aída Oceransky. De hecho, dicen que en su entierro hubo una enorme afluencia de sacerdotes y monjas que lamentaron su pérdida. «Con su muerte se cerró durante algunos años en España ese necesario diálogo interreligioso». añadió.
El acto de entrega de los volúmenes será el próximo jueves, a las 12.00, en la sede de la Comunidad Israelita, la Casina de El Fontán. Su hija Pilar, que reside en Gijón, decidió donar los fondos a una comunidad pequeña porque piensa que así le hubiera gustado a su padre. Además es habitual de la misma. Oceransky transmitió ayer el honor que supone y «el valor que tiene para nosotros» contar con los «libros que él rezaba y que leía». Son unos 150 y hay libros religiosos, de historia judía, enciclopedias, cultura sefardita, actas de congresos y volúmenes de dos siglos de antigüedad en ladino, es decir, en castellano con carácteres hebreos.
Pinto Coriat procedía de una rica familia de ocho hermanos. Su familia se dedicaba al mundo financiero y de los negocios. En los 60, emigró a España, ante los problemas de acoso contra los judíos en los países árabes del Mediterráneo. Siguiendo el mandato de la Toráh de dedicar el diezmo a cubrir necesidades de otros, a él le tocó buscar a quién ayudar. Tenía una mente abierta. En la Transición, cuando se legalizó el PCE, compró a los vendedores de la calle el 'Mundo Obrero' y los repartió entre los viandantes. Consideraba que la medida abría las libertades en el país. Y él no era comunista.





