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Oviedo
Anuncio con cortejo
El Heraldo a Caballo de La Balesquida recibe el permiso para celebrar el Martes de Campo arropado, por primera vez, por 200 sastres, músicos, acróbatas y malabaristas

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Los 5.000 bollos y botellas de vino que se repartirán mañana Martes de Campo hornean ya, después de que el concejal de Cultura -ante la ausencia del alcalde- autorizara ayer la celebración de la principal fiesta profana de La Balesquida.

El Heraldo, de inmaculado blanco, recorrió a caballo el Oviedo Antiguo anunciando la cita en el Campo de San Francisco. La Balesquida recuperó al mensajero en 2002, pero la 'soledad' con la que se paseaba con su corcel blanco distaba mucho de lo que mandaba la tradición: un desfile de sastres acompañados por 'la boxiganga' (una comitiva compuesta por malabaristas, músicos y acróbatas). La cofradía más antigua de Europa, ahora con 776 años, merecía una mayor puesta en escena. Ayer dio el primer paso con un cortejo de unos 200 figurantes.

A las 12.30, ante la puerta de la Catedral, sonaron los clarinetes que avisaban del comienzo del recorrido -un poco más largo este año-, a través de las calles de Schultz, Fruela, la plaza del Ayuntamiento y Cimadevilla, para, finalmente, rendir un particular homenaje ante la capilla de la Balesquida.

Isaac Fernández Collar se subió a 'Bambino', un caballo de 11 años y de pura raza española que ya había desfilado en 2007. «Pertenece a la Escuela Segoviana de El Asturcón y los niños mayores de 11 años lo utilizan para dar clases de doma clásica». Ayer, cambió el baile por pasos pausados sobre el asfalto y los adoquines del Antiguo. No se asustó ni del griterío, ni de los voladores, a pesar de que «no es el más dócil de la cuadra».

Detrás de él iba 'Alacazán', un equino anglo-árabe, de ocho años que tiraba de un carro-jardinera, sobre el que iba el sastre mayor, figura encarnada por el presidente de La Balesquida, Francisco Blanco. Y tan fuerte tiraba que, por instantes, hizo aligerar el paso a 'Bambino' y bamboleó al presidente, que sujetó aún más el gorro propio de los sastres de época.

Chaleco, pantalón, botas y capa negra completan el tradicional vestir de los alfayates. Seis caminaban tras el sastre mayor. Laura Polledo era la única mujer entre todos. Decidió colaborar con la causa por ser «hija de cofrade».

Fue mucha la gente que acudió a ver el desfile o que, directamente, se topó con él sin saberlo. Una de las que se llevó la sorpresa fue Isabel Suárez, que aplaudió a los figurantes desde la plaza de la Catedral acompañada por David Díaz, de 8 años. Isabel es de Gijón y desconocía que la ciudad estuviera «de fiesta». Más despistada andaba Rosario Martín, una ovetense que ha comido «el bollo muchos años en el Campo San Francisco sin saber el origen de la tradición». El Heraldo a Caballo «ha sido una novedad para mí», contaba Rosa Antón. Confió que acaba de enterarse de lo que representaba «La Balesquida y Velasquita Giráldez (su benefactora)», e incluso «pensaba que la Virgen de La Esperanza era la de La Balesquida».

Durante una hora, Oviedo quiso respirar aire medieval. Tanto es así que la 'boxiganga' encarnó a figuras de la época. Los que más llamaban la atención eran dos zancudos, uno de ellos llegado directamente de las cruzadas que contó a los niños que había «matado dos dragones en la colina» y ahora buscaba a «mi rey y mi espada». Con ellos, desfilaron acróbatas y malabaristas, «para hacer reír a la gente e invitarla a sumarse a la fiesta», explicó Inma Rodríguez, de Producciones Nun Tris.

Ya, en último lugar, pasearon parejas vestidas con trajes típicos de Asturias y la banda 'La Coruxa'. Cerró el espectáculo la Banda de Gaitas Ciudad de Oviedo, que entonó el himno de Asturias después de que el Heraldo sobre el corcel blanco pidiera «el preceptivo permiso para proceder al reparto de los bollos de pan de fisga con chorizo y medio cuartillo de vino de pasado el monte...», como manda la tradición. «Autorizados quedáis, orgullosos estamos de 776 años de la fiesta de la Balesquida, que 'vos preste'», replicó el edil de Cultural desde la balconada de la Casa Consistorial.

Y los bollos hornean, el vino espera, un año más para el Martes de Campo, una fiesta que tiene su origen en el almuerzo que el gremio de sastre celebraba en Santa María de Mexide para reponer fuerzas tras procesionar con la Virgen de la Esperanza. Todo, en honor de su benefactora, Velasquita Giráldez.

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