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Miembros de una apocalíptica secta rusa salen de un entierro voluntario que duró seis meses
17.05.08 -

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La insólita peripecia de un colectivo ultra-ortodoxo ruso denominado 'auténticos creyentes' finalizó ayer tras seis meses de encierro bajo tierra. Los últimos nueve miembros de la secta, que aguardaban la venida del Anticristo y el Apocalipsis, salieron a la superficie después de que las autoridades locales les convencieran de que las emanaciones tóxicas causadas por la presencia de dos cadáveres constituían un serio peligro para todos los que se encontraban en el interior de la cueva.

Los dos cuerpos fueron encontrados en la noche del jueves por un equipo de rastreadores y pertenecían a dos mujeres, componentes también de la secta. Perecieron, al parecer, ya el año pasado y se supo de ello a finales de marzo, después de que se produjeran sendos desprendimientos en el subterráneo. Según los propios ermitaños, una de las mujeres murió de cáncer y la otra de inanición después de un prolongado y severo ayuno. Pero el nauseabundo hedor que despedían sus restos no logró ahuyentar de inmediato a los más recalcitrantes.

35 anacoretas

La macabra andadura de estos singulares anacoretas se inició en noviembre del año pasado cerca de la Penza, a 600 kilómetros de Moscú. Fueron 35 personas en total, entre ellas 4 niños, las que se confinaron en el interior de la red de galerías excavadas en la ladera de una colina cercana a la aldea de Nikólskoye. Acondicionaron la gruta y la llenaron de alimentos y agua. Dijeron que permanecerían allí hasta mayo, cuando, según el jefe de la secta, Piotr Kuznetsov, llegaría el fin del mundo.

Kuznetsov, un ingeniero de 43 años sometido a tratamiento psiquiátrico obligatorio, no ha estado en la cueva ni siquiera un día. La Justicia rusa le quiere ahora procesar por «instigar una acción que atenta contra los derechos y la integridad física de las personas». Se autoproclama «profeta» e intentó suicidarse en marzo, cuando el refugio fue abandonado por la mayoría de sus discípulos. Los nueve que aún quedaban, siete mujeres y dos hombres, pretendían continuar su aislamiento hasta la festividad de la Santísima Trinidad, en junio según el calendario juliano. Entre los enclaustrados había, no sólo rusos, sino también ucranianos y bielorrusos, que ya han sido deportados a sus países.

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