
Desde hace cuatro años hasta ahora, la imagen de la Princesa de Asturias ha pasado de asociarse con la sorpresa que supuso el anuncio de su compromiso a convertirse en la del futuro de la Corona española. De reflejarse en sus últimas apariciones en TVE como presentadora del informativo de máxima audiencia a identificarse con una incansable agenda en la que actos institucionales la han llevado por todo el mundo y a través de las audiencias en el Palacio de la Zarzuela ha sido presentada ante todos los estamentos sociales, políticos, culturales y empresariales del país. En esa evolución doña Letizia ha pasado de escudriñar cuanto de ella se decía o escribía a, sin perder el interés, pasar por alto muchas informaciones banales.
El cuatrienio ha sido intenso como para escribir un libro. Y el camino no ha sido fácil. Todo comenzaba en noviembre de 2003 con un revuelo fuera de lo común en todas las redacciones de los medios de comunicación, pero más aún en la del 'Telediario' de TVE donde doña Letizia trabajaba y a la que sus compañeros, sin aviso previo, descubrieron de pronto como la novia del Príncipe. En pocas horas la noticia se confirmó y aquella periodista asturiana nunca más volvería a su puesto de trabajo, ni siquiera a su casa en un barrio de Madrid. En realidad, nunca, desde aquel momento, regresó a su vida normal.
Tras unos meses alojada en el pabellón para invitados de La Zarzuela, se anunció la fecha de la boda que llegó bajo una intensa lluvia que, en muchas más ocasiones, volvería a estar presente en otros momentos importantes para ella.
El siguiente, el nacimiento de la primogénita, la infanta Leonor. El 31 de octubre de 2005 llegaba a este mundo la 'princesa prometida'. Hasta nueve meses antes, no se hablaba de otra cosa. «¿Para cuándo un hijo?». La pregunta siempre salía a colación y en ocasiones los Príncipes asistían entre impotentes y resignados al eco que del tema se hacían los medios de comunicación. Y no tanto por los rumores, que los hubo para todos los gustos, sino porque veían cómo en ellos se diluían otros aspectos, como los frutos de su trabajo diario, en el que la Princesa, desde el primer momento, puso todo el empeño.
Nacida Leonor, la expectación por dar continuidad a la dinastía se disipaba, pero a cambio surgiría el debate sobre la sucesión. En concreto, sobre la necesidad de cambiar la Constitución española que da prioridad a los varones en el turno sucesorio. Ese problema se mantuvo avivado hasta que en abril de 2007 nació su segunda hija, la infanta Sofía. En la actualidad, el debate parece haberse olvidado, a pesar de que la posibilidad de que nazca un varón antes de que la Constitución sea reformada sigue ahí.
En este tiempo, los Príncipes han creado una familia y como tal se han mostrado en numerosas ocasiones. Tal y como hicieron los Reyes en su juventud, sus sucesores también abrieron las puertas de su residencia para mostrarse ante todos como una familia normal, en la que las pequeñas leen cuentos, aprenden a andar en bicicleta, dan sus primeros pasos y acuden por primera vez al colegio como ya sucedió con Leonor.
Pero además de la vertiente maternal, doña Letizia ha mostrado su lado más personal como el día en que perdió a su hermana Érika y dejó aflorar su tristeza por encima de protocolos y normas. Nadie ese día, ni los más críticos, le exigieron otra compostura.
A la Princesa que quiere hacer, dijo en una ocasión, lo que los españoles quieran, se la conoce, también cada vez más, por su capacidad de trabajo. Tanto que siendo apenas una recién llegada a la Familia Real, en octubre de 2006, la Casa del Rey le encomienda una agenda propia vinculada, principalmente, a la infancia y la juventud. Como compañera del Príncipe, doña Letizia ha pasado de ser la espontánea prometida del «déjame terminar» que le dijo en su pedida y fue recibido con aplausos y polémica, a adoptar una posición más discreta. Pero en sus apariciones sola, como Princesa de Asturias, siempre ha recibido elogios como respuesta. Los últimos cuando pronunció un discurso en catalán el día que entregó los Premios de la Fundación Internacional de Mujeres Emprendedoras. Su acento sorprendió a los propios catalanes. Y es que en esa evolución empiezan a aflorar los frutos de esa intensa formación a la que la periodista asturiana se sometió hace ya cuatro años cuando dijo: «He ejercido mi profesión con ganas, con ilusión, con fuerza y de esa misma manera afronto lo que ahora iniciamos, con responsabilidad, con ilusión y con vocación de servicio a los españoles».






