Por el local actual de Radio QK -en Monte Naranco- pasan locutores de todas las edades. Entre el programa 'La Escuelina', que hacen los viernes por la mañana cinco niñas de entre 2 y 8 años del colectivo educativo Gaia-Ixuxu, y 'El Musiku', programa de actualidad anarquista radiado por miembros de la CNT, se mueve todo un espectro de contenidos y de continentes.
La radio libre más antigua de España nació en Oviedo, «más o menos», en mayo de 1983. Desde entonces, salvando algún local precintado en sus orígenes y los efectos de rayos traicioneros en tiempos más modernos, ha seguido emitiendo -con mayor o menor licencia- pasando el relevo de una generación a otra. Con toda una historia colgada de las ondas, sus herederos celebran ahora 25 años de autogestión herciana.
Cuatro locales, cuatro generaciones. Radio Cucaracha, que así se llamó al principio, surgió vinculada a un colectivo anarquista que compartía local en la calle Palacio Valdés con varias asociaciones más, formando el Club Cultural Oviedo. «Había una pequeña cabina y un locutorio en un piso muy viejo», describe Pablo Vaquero, periodista de TVE Asturias. A pesar de no estar en el comité fundador, Vaquero participó en la emisora desde 1984, con programas como 'Coctel Molopop' y 'El exceso de medio noche', «una broma personal a Quique Bueres y a su espacio en Radio Asturias».
Además de programar música que no ofrecían las radios oficialistas, e intentado rivalizar en Oviedo con emisiones como 'Pop y otras pasiones', de Julio César Iglesias, Radio Cucaracha nació con un fuerte compromiso político. Fue un cauce de comunicación entre las familias y los presos de la antigua cárcel y en más de una ocasión -como en 1986, durante el Referéndum de la OTAN- se convirtió en un «incordio» para las autoridades municipales. «Éramos más ignorantes que valientes», recuerda Vaquero al describir como saltaban el precinto cada vez que clausuraban el local.
Esta especie de «comuna en las ondas», a la que se le iba la señal cada dos por tres, ha mantenido intactos algunos de los principios sobre los que se creó. «Es una emisora abierta a todo el mundo, antisexista, antirracista, antifascista, asamblearia y horizontal». Así la describe Benjo Requejo, uno de los veteranos en mantener viva hoy la emisora y adaptarla a la actualidad. Entre sus últimas batallas, la de salvar las fronteras y subir 'la Cuca' a internet gracias a programas de software libre. Fue con su traslado a un segundo local, enfrente de la estación de autobuses, en los 90, cuando la emisora se estabilizó.
Vacío legal
«Radio Cucaracha se coló en el espacio radiofónico, como otras tantas, aprovechado un vacío legal», explica Melania Fraga. Esta técnico audiovisual radió entre 1992 y 1994 un programa sobre asociacionismo juvenil.
Durante años, la emisión se hacía sin licencia hasta que le concedieron una como taller de radio, situación legal en la que se encuentran actualmente. Para Fraga, Radio Cucaracha no llegó a ser pirata «porque nunca tuvo publicidad ni estuvo asociada a ningún grupo o partido». Fue y es, simplemente, una emisión libre donde cualquier apuesta es bien recibida y todo se decide de forma asamblearia. En los 90, la emisora «agrupó a todo tipo de espectros musicales y personajes» en un fuerte movimiento cultural, aseguró Manolo Abad, otro de los locutores que entre 1995 y 2001 realizó 'Club Alternativo'. La 'Cuca' se convirtió en referente de toda una generación de ovetenses.
Previo paso por un local de la CNT en Monte Gamonal, «donde tuvimos hasta un grupo de teatro y ciclos de cine», continúa Rodríguez, la emisora llegó, convertida en Radio QK, a su actual sede en la calle Fernández de Oviedo. Una treintena de programas realizados por otras tantas personas son los herederos de aquellos socios «ilustres», como Areces o Gustavo Bueno, que en su momento también colaboraron. «Emitimos 24 horas y entre seis y diez en directo», asegura Richi, encargado de llenar los domingos con «noticias extravagantes».
¿La audiencia de QK? Pues nunca se supo muy bien pero poco importa. Lo esencial es que, en la 107.3, hay un espacio «no sujeto a interés privado», que no recibe subvenciones y no tiene publicidad, donde tiene cabida de todo. Sobre todo si no es noticia en otros medios.