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Azucena A. F. se niega a declarar en el juzgado y el magistrado decreta el secreto de sumario sobre las actuaciones. El Ministerio Fiscal pidió cárcel, sin fianza y comunicada, para la única acusada, y el abogado de la defensa, su libertad

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El juez encarcela por presunto infanticidio a la madre que enterró a su bebé en Olloniego
LA FINCA. Nino Llana señala el lugar donde encontró el cadaver, a unos 11 metros del agujero que cavó su madre para enterrarle. / J. D.
El juez de Primera Instancia e Instrucción Ángel Sorando acusó ayer a Azucena A. F. de un supuesto delito de infanticidio. Es decir, de la muerte violenta de su recién nacido, aparecido muerto en una finca de La Mortera en Olloniego el pasado domingo. La joven, soltera y de 28 años, confesó a la Guardia Civil que lo había enterrado en una finca arrendada por su familia, aunque no aclaró las circunstancias que rodearon al nacimiento y muerte del bebé.
Ayer tampoco lo hizo ante el juez. Guardó mutismo y se negó a declarar. Alrededor de la una y veinte de la tarde, Azucena -que trabaja en una zapatería de su familia en Oviedo- llegó al juzgado de guardia, procedente de Rubín, rodeada por varios guardias civiles. Pocos minutos después regresaba a los calabozos.
En ese tiempo, el fiscal Tomás Buylla solicitó prisión provisional sin fianza y comunicada para la acusada. El magistrado tras examinar los informes de la Guardia Civil y demás pruebas, al término de la mañana, ordenó su ingreso en el Centro Penitenciario de Villabona por un presunto delito de infanticidio. Decretó, además, el secreto de sumario sobre las actuaciones. El abogado de la defensa, Ricardo Álvarez-Buylla, se quedó solo en su propuesta de petición de libertad para la única imputada en la muerte del recién nacido. De esta forma, Azucena A. F. pasó ayer su primera noche entre rejas.
La Guardia Civil arrestó a la joven el pasado lunes, un día después de que un vecino de La Mortera, Niño Llana, encontrara el cadaver del recién nacido en La Granxa. Advertido por la gran acumulación de pegas, se acercó pensando que «había algo muerto». Y encontró al bebé, a unos once metros de distancia del agujero (de apenas 30 por 30 centímetros) que la joven cavó para sepultar al pequeño, de unos tres kilos. Estaba justo a la entrada de la finca.
Al parecer, una alimaña, llevada por el hedor del cuerpo sin vida, arrastró al recién nacido, un varón, que aún conservaba parte del cordón umbilical. Cuando Nino lo encontró, «se encontraba de lado, con la cabeza un poco aplastada y un desgarro debajo del brazo. Le veía las costillas», relató. Lo que sí estaba era «limpio».
Sin desequilibrio
En las dependencias de la Guardia Civil, la madre reconoció que había escondido el cuerpo y aseguró que, en todo momento, había actuado sola, sin ayuda. También, que quiso llevar «en secreto» su embarazo. En el pueblo sólo había rumores sobre su posible estado. Nadie hablaba de este asunto de forma abierta, tampoco cuando la joven subió el pasado mes de junio a La Mortera, que estaba en fiestas, y «ya tenía barriga. No sé si sus padres lo sabían», comentó un vecino.
El lugar donde dio a luz es aún una incógnita. Los médicos del Hospital Materno Infantil certificaron que la joven había sido madre «diez o quince días antes», pero no en este centro. La Benemérita, por su lado, descartó que padeciera desequilibrio psicológico alguno.
De hecho, este suceso conmocionó a toda la aldea de La Mortera -de unos 200 habitantes- y también a los vecinos de Olloniego, porque Azucena siempre se comportó como una chica «normal». Su familia, originaria de Tineo, lleva más de una década viviendo en este pueblo, en la avenida Príncipe de Asturias, donde son propietarios de un comercio de reparación y venta de calzado.
En Oviedo, tienen otra tienda similar. En ella trabajaba la joven cosiendo zapatos. La mayoría de las mañanas, acudía al negocio en coche con su padre. Por la tarde, cuando terminaba su tarea, solía recogerla su novio, un joven de Tudela Veguín, según los vecinos. Amigos y clientes califican a toda la familia de «trabajadora» y «con buena posición económica». A Azucena la describen como «una chica curiosa» tanto en su aspecto físico como en su dominio de la aguja. También hay quien dice que es «seria, como su padre».
Ayer, algunos familiares acudieron al juzgado de guardia, pero fueron pocos los que pudieron ver a la joven. Si el juez Ángel Sorando decretó prisión provisional para no enturbiar las pruebas y el caso, los agentes de Policía, con sede en el Palacio de Justicia, evitaron que cualquier cámara tomara fotografías a la joven. La puerta del juzgado de guardia, en esta ocasión, se cerró.

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