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Oviedo

02.11.08 -

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«No quiero que toquen esta fosa; que los dejen en paz»
Cada año, familiares de los fusilados en la Guerra Civil se reúnen en la fosa. / M. R.
José Fernández tenía seis años cuando su padre murió fusilado. Ahora con 78, aún recuerda la última vez que le visitó cuando estaba detenido en el colegio San José de Sotrondio. «Estaba completamente negro por los golpes que le habían propinado», explicaba ayer con lágrimas en los ojos.
Su padre es uno de los 1.300 asturianos víctimas de la represión franquista cuyos restos reposan en la fosa común del cementerio de El Salvador.
«El se entregó voluntario y le mataron sin decir nada a la familia. Ahora no quiero que toquen la fosa, que les dejen en paz. Ya han sufrido bastante», reclamaba Fernández, acompañado por dos de sus nietos.
Entre el centenar de personas que ayer se congregó ante el monolito de recuerdo a los fusilados, las macabras historias se sucedían. Teresa Mielgo, de 80 años, también perdió a su padre siendo una niña. «Le mataron por no ir a misa. Un vecino le delató y mi madre se quedó con nueve hijos a su cargo. Tuvimos que emigrar a Francia, donde vivimos dos años. A la vuelta pasamos mucha hambre, y a pesar de lo que sufrimos y de que mi madre sabía quién era el chivato, nunca quiso decírnoslo. España había sufrido demasiado», recuerda.

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