Fue el invitado estelar de la festividad de Santa Catalina, la celebración que la Universidad de Oviedo aprovecha para homenajear a su patrona en las jóvenes promesas de Asturias, en los que en el último año han sido los mejores estudiantes que han pasado por sus aulas. Y este acto, en el que la institución académica escenifica su cada vez más intensa relación con la empresa asturiana -patrocinadora de los premios- era, justamente, el marco que Marius Rubiralta necesitaba para ahuyentar los fantasmas que por todas partes rodean los dos grandes proyectos de su departamento: el Espacio Europeo de Educación Superior y el proyecto Estrategia 2015, que persigue la consecución de la excelencia.
Por eso, en el hermoso marco de la Biblioteca universitaria, el secretario de Estado de Universidades dedicó sus palabras a implicar al profesorado en el Espacio Europeo, el Estatuto del Personal Docente e Investigador y en el novedoso diseño de la formación permanente. Y con la previa matización de «si se realiza correctamente», Rubiralta insistió en el mensaje de políticos y rectores: que «el Espacio Europeo de Educación Superior es nuestra gran oportunidad».
Pero fuera de los muros forrados de libros antiquísimos, el secretario de Estado tuvo que rodear su proyecto para protegerlo de las reticencias que suscita entre el profesorado y de las críticas estudiantiles. E incluso, de quienes mantienen que el proceso aprobado en la ciudad italiana de Bolonia en 1999 va a propiciar la desaparición de universidades, previsiblemente privadas. Y fue rotundo Marius Rubiralta: instó a los profesores a tomar las riendas del cambio, censuró la actitud de los alumnos y liberó de responsabilidades al proceso europeo.
«Si alguna Universidad va a cerrar no será por Bolonia, será por el mercado. No le pongamos a Bolonia más problemas de los que tiene. Bolonia solamente permite que las personas con una titulación puedan circular libremente y que, a lo largo de la vida, se le reconozcan las capacitaciones que ha ido adquiriendo en los distintos trabajos. Ese es el proceso inicial de Bolonia, pero aquí se la ha querido incorporar la financiación, la gobernanza, la transferencia, el estatuto, la internacionalización... Y esto es Estrategia 2015, no Bolonia», dijo, de un tirón.
En ese mismo ámbito de confusión situó a los estudiantes, que «ven en el horizonte algunas amenazas de cambios sociales, de globalización del mercado, de la crisis, y lo han identificado con Bolonia, cuando sus preocupaciones deberían de ir en una dirección menos, entre comillas, de reivindicación clásica y más de trabajo».
Contra los encierros
Y cuando las más importantes universidades españolas están viviendo encierros y manifestaciones estudiantiles, Rubiralta no fue en absoluto condescendiente con ellos. «Estamos hablando de un Estatuto del Estudiante para que su voz se coloque en el centro de gravedad de las políticas de los próximos meses, y esto se hace mejor con una voz constructiva que con una protesta asamblearia en donde, al cabo de un tiempo, nadie sabe exactamente qué se está reivindicando». E insistió en que «la Universidad es diálogo y debate, y tiene los marcos suficientes como para no crear otro, folclórico, en unos encierros en los que no se sabe muy bien quién controla a quien».
Para desarbolar los argumentos de los estudiantes, Rubiralta recurrió al acto de Santa Catalina para ilustrar que «nadie está diciendo que la colaboración con el entramado social ponga a la Universidad en manos de la empresa y lo hemos visto aquí. Hay que huir de ese miedo a la dependencia. ¿Acaso la Universidad de Oviedo es menos libre por estos premios? Puede haber una amenaza, pero no es una realidad», concluyó.