A los 252 pacientes del 12 de Octubre afectados por el brote de una bacteria multirresistente, les pasó algo similar. Acudieron a un centro sanitario para tratar sus males y se contagiaron en el propio hospital de una infección que no tenían al llegar. Dieciocho de ellos, todos aquejados de múltiples patologías, no lograron superar el proceso y fallecieron. En esta ocasión ha sido una bacteria resistente al poder de muchos antibióticos llamada 'acinetobacter baumanii'. En organismos sanos no resulta peligrosa. Sin embargo, su invasión en personas con su sistema inmunológico muy disminuido puede llegar a ser mortal. Sobre todo, en los últimos años, cuando este germen ha mutado y se ha fortalecido para que los antibióticos más potentes no consigan acabar con él. Podría haber sido cualquier otro microorganismo y haber ocurrido en cualquier centro sanitario.
Los patógenos que viven en los hospitales son un enemigo invisible contra el que resulta muy difícil luchar, como muestra cada año el estudio EPINE. Este informe actualizado recoge desde principios de los 90 la situación de las infecciones hospitalarias en España. El último, publicado recientemente, sitúa en casi un 7% la prevalencia de enfermos con infección adquirida en un hospital.
El EPINE de 2007 constata el incremento de brotes infecciosos, una tendencia al alza que se observa desde 2004, justo cuando parecía que se había estabilizado en España. La cifra no difiere mucho de los datos de los hospitales europeos con buena vigilancia y control de estos brotes, aunque marca una tendencia difícil de detener a corto plazo.
«El envejecimiento de la población con pacientes débiles con enfermedades crónicas propiciará la prevalencia de las infecciones o en todo caso hará muy difícil su disminución», afirma Josep Vaqué, experto en Medicina Preventiva y director del estudio EPINE. En los últimos quince años, la edad media de hospitalización aumentó casi diez años.
Hoy el grupo más numeroso en los hospitales españoles lo forman pacientes de más de 64 años y con numerosas enfermedades crónicas. Ese dato es un buen síntoma del estado de salud de la población, que acude al hospital a una edad media más avanzada gracias a los cuidados médicos que se brindan. Pero marca una tendencia y es previsible que el ingreso hospitalario se realice cada vez a una edad mayor.
También ha aumentado la proporción de enfermos sobre los que se interviene en exceso (con sondas, catéteres intravenosos, ventilación mecánica), así como la duración media de la estancia por cirugía. A más días de ingreso, más posibilidades de contagio. A partir de los 15 días de hospitalización aumenta el peligro. Y si, además, parte de ese tiempo se pasa en la unidad de cuidados intensivos, el peligro se dispara.
La población seguirá envejeciendo, enfermando y los brotes infecciosos irán a más. La progresión es inevitable y no existen soluciones sencillas. Una de las recetas de expertos como Vaqué es separar a los pacientes de mayor edad y patologías complejas del resto de enfermos. «No serían residencias, sino hospitales de agudos para personas mayores, como los centros de veteranos de Estados Unidos o el Reino Unido», apunta este experto.
Médicos sin corbata
La situación es compleja. Hay bacilos resistentes a los desinfectantes y a los antisépticos. No siempre resulta fácil hallar las fuentes de origen o los reservorios donde pueden esconderse. El personal de enfermería por cada cama importa. Con más personal, menos riesgo y mayor atención de los enfermos. El Reino Unido ha prohibido a sus médicos que lleven corbata y batas de manga larga para no arrastrar gérmenes. La higiene es básica incluso en los familiares de visita.





