A partir de ese día que les cuento les he seguido como una 'grupi', les he querido como las locas. De 'prau' en 'prau', ya fuera con tacón, con chanclas o con 'madreñes'.
Según el día y dependiendo de la ocasión, me he puesto mis mejores galas, he perpetrado mis peores modelones para romería, he gozado de momentos inenarrables cantando a pulmón y he llorado con sus baladas casi tanto como Jeremías.
Hasta una de mis amigas se enamoró -platónicamente, todo hay que decirlo- del batería. Y, aunque él nunca llegó a saberlo, eso hizo que mi pandilla siguiera una enloquecida ruta que no era la del 'bacalao', sino más bien la de carretera, manta, caja sidra y Dominó.
Esta pasión musical decaía algo en el invierno, pero tomaba fuerza en los veranos. Y, aunque Dominó eran nuestros favoritos, jamás le hicimos ascos a Assia ni a ninguna otra orquesta.
Porque lo bueno del verano son las fiestas de 'prau', la caja sidra comprada en la barraca del bar como Dios y la comisión de fiestas mandaban. Y venga 'Aserejé', y cumbias, y 'reggaetones'.
Pero todo esto ha pasado a mejor vida. Y no creo que hayan sido ni los 'botellones', ni la falta de ganas, ni el cambio climático, ni la crisis económica.
Ni eso de que la gente no deje los 'praos' en condiciones, que siempre fue muy bueno que el 'prau' se pisara. Y, por supuesto, no es falta de calidad por parte de Dominó.
La culpable de todo ha sido la Dirección General de Tráfico, créanme. La DGT, sus puntos y sus radares. Por tanto, la Dirección General de Tráfico debe ser la encargada de subvencionar a las comisiones de vecinos de los pueblos.





