Pero dicho esto, lo que no podemos olvidar es que para debatir sobre la instalación de un parque eólico u otro tipo de instalación energética similar, convendría recordar primero tres cosas: que los impactos ambientales de la producción y uso de la energía son probablemente los más grandes de las actividades humanas; que la energía, sin embargo, es necesaria, y que todas, absolutamente todas las fuentes, afectan al medio. No cabe, pues, hablar de impacto cero, sino del mínimo impacto que se obtendría por la combinación de las fuentes menos agresivas.
Por todo ello, el ecologismo preocupado por asuntos energéticos ha definido hace tiempo sus prioridades, que se centran en acabar con la energía nuclear, reducir las emisiones de gases de invernadero, limitar drásticamente los contaminantes ácidos y evitar la construcción de grandes embalses, objetivos todos de dramática urgencia y difíciles de conseguir. Para dar satisfacción simultánea se han definido muchas estrategias que coinciden en lo esencial: la principal fuente de energía es el ahorro, que debe completarse con la introducción masiva de las fuentes renovables, entre ellas, la eólica necesariamente ha de tener un papel fundamental.
Es cierto que en la práctica no parece que sea el camino que se está siguiendo, y en la última década se ha producido en el Estado español un espectacular crecimiento del consumo de electricidad, que ha dado lugar a un incremento de la producción, pasando de los 189.381 GWh en 1997 a los 296.047 GWh en 2007, lo que supone más de un 4,5% anual, crecimiento superior al de la economía y, por tanto, muestra de la ineficiencia del sistema.
Esto, sin duda, ha dado lugar a negativas consecuencias ambientales -la mayor parte de electricidad se genera con centrales térmicas de carbón y gas y con centrales nucleares, entre otras-, como un incremento en la cantidad de residuos nucleares a gestionar y de las emisiones contaminantes a la atmósfera, así como un aumento sustancial de las emisiones de CO2, principal agente causante del cambio climático.
Ante esta situación, está claro, como he mencionado anteriormente, que lo prioritario es adoptar medidas para lograr una reducción significativa en el consumo de energía eléctrica, pero sin perder de vista la necesidad de sustituir, con fuentes de energía limpia y renovable, a las instalaciones de producción más contaminantes, como son las centrales térmicas y nucleares, sustitución que no va ligada necesariamente al cierre físico de las plantas -aunque también-, sino a la disminución de la energía generada por estas fuentes y, por tanto, a la reducción de daños ambientales.
Esta sustitución es la que está produciendo actualmente la energía eólica, energía que se encuentra afianzada y en pleno desarrollo, alcanzándose en 2007 una producción de 27.026 GWh (el 9% de la generación bruta total) que superó, por segundo año, a la energía hidroeléctrica en régimen ordinario, es decir, la generada en grandes pantanos.
Es cierto que el desarrollo de la energía eólica ha tenido errores y deficiencias y que produce efectos sobre el medio natural y sobre el paisaje, pero, a pesar de ello, se ha constituido, dada la inaceptable ausencia de medidas de control del crecimiento de la demanda de electricidad, en uno de los principales factores de contención de daños ambientales mayores. Pero es, precisamente, porque sabemos que las instalaciones eólicas no son inocuas para el medio ambiente, por lo que desde Ecoloxistes n'Aición d'Asturies siempre hemos señalado como prioritario el desarrollo de microparques en zonas industriales y el aprovechamiento de zonas muy humanizadas, en particular los puertos, donde el impacto visual es, sin lugar a dudas, mucho menor que en un espacio natural, y donde el efecto del ruido es totalmente inapreciable.
No olvidemos que no existe ninguna zona en el mapa de ruido de Xixón del año 2002 donde se baje de los 40 dBA, ni siquiera en el parque de los Pericones, la zonas más silenciosas de nuestra ciudad, y que en toda la zona próxima al puerto se superan los 70 dBA, cuando en las Declaraciones de Impacto Ambiental de los parques eólicos asturianos se está exigiendo que durante el funcionamiento de los aerogeneradores, una vez instalados y en plena actividad, se garantice que no se produzcan niveles de ruido para distancias superiores a los 100 metros y, fuera de los límites del parque eólico, superiores a los 30 dBA.
Es cierto que el parque puede producir, además de los comentados, otros impactos ambientales, como muertes de aves, pero hemos de tener en cuenta que, además de que deberá ser sometido a un procedimiento de Evaluación de Impacto Ambiental, al que, por cierto, no están obligados otros proyectos mucho más agresivos, estos impactos, en la mayoría de los casos, serán más asumibles que los que provocan los proyectos ligados a la quema de combustibles fósiles.





