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Política

MARÍA VICTORIA CAMPOS
La viuda del agente asesinado: «El pueblo vasco tiene fuerza para repudiar a los asesinos»
«Yo tenía un mal presentimiento, pensé que podía ocurrir algo, pero era la única forma de lograr puntos para volver a Málaga»

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La viuda del agente asesinado: «El pueblo vasco tiene fuerza para repudiar a los asesinos»
DOLOR. María Victoria recibe una muestra de cariño. / CARLOS MORET
Rota aún por el dolor, la viuda de Juan Manuel Piñuel, el guardia civil asesinado por ETA en el atentado contra la casa-cuartel de Legutiano, rompió ayer su silencio para mostrar su repulsa hacia los asesinos de su marido y su agradecimiento por todas las muestras de ánimo que ha recibido estos días. En esta entrevista, María Victoria Campos condena a los «cobardes» que mataron a su marido y augura que el pueblo vasco podrá librarse de la lacra de la banda asesina.

-¿Qué sentimiento le queda tras lo ocurrido?

-Rabia, impotencia y dolor... Pero, por otra parte, la gente, con todo lo que ha pasado, me ha transmitido mucha fuerza. Él no se lo merecía. Era una persona maravillosa.

-Ha recibido muchas muestras de cariño estos días. ¿Ha podido sentir el calor de la gente?

-Sí. Ha sido inmenso. No tengo palabras para describirlo, ni nada de lo que pueda quejarme. Le doy un diez a todos. He sentido la fuerza y la dignidad de la gente. Otras personas -habla de la asociación de víctimas- que pasaron antes que yo por esto han venido a darme su apoyo, aunque eso supone que hayan tenido que revivir todo lo que les ocurrió antes. Eso es digno de alabanza. También me sentí muy arropada por el pueblo vasco. La gente aplaudía por donde íbamos pasando, transmitiéndome toda su fuerza. Lo hacían de verdad. Pero, sobre todo, he sentido el calor del ministro Alfredo Pérez Rubalcaba, que no se separó de mí ni un momento, así como Teo, Luis y el capitán Antonio. Tuvieron la facultad de hacerme sentir como si fueran mis padres, por su bondad y su serenidad. Eso no se interpreta. He sentido un respeto grandísimo durante los funerales. Me pidieron permiso para que accedieran las cámaras, porque iban a imponerle la medalla al mérito, y hasta tuvieron la delicadeza de no utilizar los flashes.

-¿Y de sus compañeros?

-También (se emociona). Vinieron amigos que habían estado con él hace cinco años, otro que estaba destinado en Asturias... Los compañeros vinieron expresamente desde Valencia para llevar el cuerpo de su amigo...

-¿Qué les diría a los asesinos?

-Que no se van a salir con la suya. No lo van a conseguir. Son unos cobardes que no dan la cara, una minoría muy pequeña, y nosotros somos más que ellos. Su pueblo tiene la fuerza suficiente como para repudiarles. Poco a poco, van a librarse del miedo para que todo el mundo les vea tal y como son, un pueblo digno. Me ha sorprendido mucho la dignidad y la fuerza de la gente allí.

-¿Y qué les diría de lo que le han hecho a su familia?

-Nada. No se van a congratular con mi dolor.

-Usted no quería que aceptara el destino del norte. ¿Qué piensa ahora?

-Yo no repudio al pueblo vasco. Al contrario. Ha sido alucinante. La gente desde la calle me gritaba «fuerza, mujer». No es justo que, por culpa de unos cuantos, se ensucie la limpieza de un país. Son gente digna, sincera. No tengo nada que decir contra ellos.

-Pero, ¿por qué no quería usted que se marchara al norte? ¿Un presagio, tal vez?

-Yo tenía un mal presentimiento, siempre pensé que allí podía ocurrirle algo y que, si subía, a lo mejor nunca iba a volver, pero era la única forma de conseguir puntos para regresar a Málaga, al puesto que él quería, y decidió que lo mejor era subir, que en tres años y medio podía estar en su tierra, en el puesto que él quería. Su sueño era que compráramos un piso en Málaga y que viviéramos los tres juntos. Él no tenía ilusión por ir, sino por volver. Yo nunca le puse trabas sobre ninguno de sus destinos, le he acompañado a todos. Pero él me decía que hacía diez años que no pasaba nada allí. Él estaba contento, decía que aquello era muy tranquilo, que los mandos eran extraordinarios y los compañeros excelentes y que el sitio era precioso.

-Usted lo había acompañado antes a todos los destinos...

-Sí, a todos menos a este. Cuando mi hijo nació, nos trasladamos tres veces en un año. Nació en Málaga, luego nos fuimos a Alhama de Aragón y posteriormente a Valencia.

-Supongo que el motivo fundamental de que no lo acompañara es su hijo, que tiene seis años...

-Pues sí. Yo no quise subir, sobre todo, por el niño. Teníamos que cambiarlo a mitad de curso. Estuvimos hablando para que, cuando le dieran las vacaciones al niño, me fuese allí un par de semanas, a ver qué tal estaba aquello, y si nos gustaba, matricularlo para el siguiente curso. Él iba a tener dos meses de vacaciones, ya habíamos hecho planes, pero desgraciadamente no los vamos a cumplir. Se subió para venir a Málaga, y ya no volverá más...

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