El año de la cruzada antitabaco comenzó en Asturias con muchos humos. Con la región medio adormecida por la resaca de Nochevieja, la mayoría de los pocos bares que abrieron sus puertas permitieron darle al cigarrillo a rienda suelta. La nueva ley que prohíbe fumar en los lugares de trabajo y limita el consumo en los establecimientos públicos fue, sin lugar a dudas, el tema de conversación. A juzgar por los comentarios, tiene muy mala prensa entre sus 'sufridores'. Incluso hay quien no está enganchado al cigarro y se muestra contrario a la norma. Y los hosteleros recibieron el 2006 en pie de guerra.
En Gijón, ayer fue una jornada desapacible pero, aún así, más de uno no pudo resistirse a acompañar el 'cafetín' con un cigarro. Y, si es en pareja, mejor que mejor. Enrique Cueli y María Teresa Rivas estaban inhalando humo a dos carrillos en el bar La Botica, en plena plaza Mayor. Entraron atraídos por el cartel de la puerta, que rezaba 'En este establecimiento se permite fumar'. «Nos cercan como si fuésemos drogadictos», se quejaba la mujer. Ni ella ni su marido tienen intención de dejarlo. «Respeto la opinión de todo el mundo, pero si no me dejan aquí voy a la calle», dijo él. Al otro lado de la barra, el camarero, Javier Peñaranda, pone en evidencia las paradojas de la ley. «A mí se me prohíbe fumar porque estoy en un centro de trabajo pero el cliente puede seguir echándome el humo en la cara. Todo esto me parece un poco cínico».
Enrique Cueli apura uno de sus últimos cigarros en el bar Mercante, donde también se puede fumar, como en el 95% de los locales hosteleros de Asturias. Dice que el día 9 lo deja. Necesidad obliga: vuelve al trabajo tras el paréntesis navideño y no le apetece «pasar frío en la calle». «Según las estadísticas va a mejorar el aire, pero en Italia, donde ya se aplicó una ley similar, las depresiones subieron un 80%», ironiza.
El propietario del bar, Celso Suárez, tampoco comulga con la prohibición. «Yo empecé a fumar a escondidas con siete años y llegué a fumar cuatro cajetillas diarias. Y lo dejé porque quise, no porque nadie me obligase. Ahora intentan cortar todo de cuajo en cuatro meses, como si fuese una dictadura: para acabar con ello, deberían cerrar Tabacalera y prohibir el tabaco», dice tajante.
Reconquista sin humo
En otra esquina de la ciudad, en el bar Páramo, se produce una partida de mus un tanto extraña: no hay puros, ni pitillos, ni ceniceros. Ningún parroquiano fuma. «Qué quiere que le diga, lo de la ley me da igual, porque aquí no fumamos ninguno. Tengo 82 años y estuve enganchado durante 60», apostilla Jaime Antón.
La dueña del bar, Aurora Pérez, se muestra más beligerante. Ella tampoco le da al cigarro, pero cree que las restricciones no le van a traer más que quebraderos de cabeza. Por el momento, ha tenido que cambiar la máquina de tabaco por una sin publicidad, que trae retratados unos loritos de colores. «Si quitan el beber y las máquinas tragaperras, cerramos», clama.
Frente al Teatro Campoamor de Oviedo está 'El Teatrillo', un bar en el que está permitido fumar aunque debido a sus dimensiones, 150 metros, deberá habilitar una zona libre de humo. «La inversión será grande», dice Verónica González, una de las camareras. Es fumadora y cree que la ley no será efectiva. «Si se puede fumar se puede, y si no, no. Debería aplicarse a rajatabla», reprocha. «Que prohíban el tabaco», añade Leticia Pantín, trabajadora del sector que vaticina un empeoramiento en el trato al cliente «porque el carácter empeora».
La prohibición la sufren desde ayer quienes paren en la cafetería de la estación de autobuses. Laura Pérez trabaja como camarera y asegura que van a salir perdiendo con la normativa. «Ya hubo gente que dijo que no iba a venir si aquí no podían tomar el café y fumar un cigarro», advierte. Tanto la cafetería como el resto de la instalación son espacios libres de humo, pero Vicente Rodríguez enciende un cigarrillo en el vestíbulo. «No me acordaba de que hoy entraba en vigor la ley, pero el guarda no me ha dicho nada», se excusa. Lleva fumando desde que era joven y «lo hace inconscientemente», explica María, su mujer, que critica la puesta en marcha de la ley. «Estamos volviendo al pasado. En vez de hacer campaña contra el tabaco, Zapatero tendría que hacerla contra las drogas», reprocha.
En el hotel de la Reconquista tampoco está permitido el humo del cigarro. Ni en el bar ni en la cafetería hay zonas habilitadas. De momento, en el patio de la Reina han colocado ceniceros para los huéspedes.
Dudas en Avilés
En Avilés la situación era ayer similar. Jerónimo Robles, regente de la cafetería Robles, y con una experiencia de medio siglo en el sector, se preguntaba «qué hacer con un señor que llega ebrio y se pone a fumar en la zona no permitida». Indicó que perderá clientes fumadores, pues su local tiene más de 100 metros cuadrados. Se ha visto obligado a destinar la zona de no fumadores en la planta baja, por la que se entra al establecimiento, y el subsuelo lo ha tenido que distribuir, a su vez, en dos zonas.
Una opinión diferente a la de Manuel González, de la cafetería Marvi. Su clientela es de fumadores en un 80% y el local -con menos de cien de metros - tendrá un sistema de eliminación total de humos. Las obras las iniciará dentro de una semana, apuntó.