El desapacible tiempo reinante no impidió a los gijoneses recibir en la calle el nuevo año. Unos 2.000 conciudadanos, según fuentes de teatro Jovellanos, comieron las uvas esta última Nochevieja en la plaza Mayor. Aunque el frío y la lluvia restaron concurrencia a la fiesta de fin de año, lo cierto es que quienes acudieron a la cita caldearon el gélido ambiente. Pertrechados con cotillones, uvas y sidra convirtieron una iluminada y engalanada plaza Mayor en su puerta del Sol particular.
El agua dio un tregua para respetar la tradición. Minutos antes de las doce de la noche la alcaldesa de Gijón salió al encuentro de los gijoneses asomándose a la balconada consistorial. Una potente megafonía se encargó de anunciar los siempre desconcertantes cuartos y las campanadas. La regidora municipal comió las doce uvas flanqueada por su hermana, la concejala de Servicios Sociales, María Antonia Fernández Felgueroso; el edil de Festejos, Iván Álvarez Raja, y la gerente del teatro Jovellanos, Carmen Veiga.
La llegada de 2006 se vivió con un estallido de júbilo en la plaza consistorial, que coincidió con una espectacular lluvia de confeti y serpentinas. A continuación la primera edil arengó al público: «Este Gijón no tienen miedo al agua. Es sumergible». Dicho esto alzó su copa de sidra, recomendó colocar el pie izquierdo hacia delante que «trae suerte», y brindó por la ciudad y todos sus habitantes. A estos últimos les deseó «salud, felicidad y trabajo». Las breves palabras de la alcaldesa dieron paso al 'Gijón del alma', el 'Asturias, patria querida' y a la música discotequera.
A las doce y media una tromba de agua provocó la estampida y obligó a los fiesteros a cobijarse en los soportales del Ayuntamiento. La francachela prosiguió hasta casi las dos de la mañana. Eso sí ya sin apear los paraguas.